domingo, 23 de agosto de 2026

PELÍCULAS VISTAS ÚLTIMAMENTE (JULIO - AGOSTO)

Un poeta (Simón Mesa, 2025) 9,5/10

Sinopsis (filmaffinity): La obsesión de Óscar Restrepo por la poesía no le ha reportado ninguna gloria. Envejecido y errático, ha sucumbido al tópico del poeta en la sombra. Conocer a Yurlady, una adolescente de origen humilde, y ayudarla a cultivar su talento trae algo de luz a sus días, pero arrastrarla al mundo de la poesía quizá no sea el camino.  

Esta tragicomedia colombiana es todo un descubrimiento cinematográfico. El personaje del poeta, interpretado magistralmente por Ubeimar Ríos, está tan desamparado como un personaje de Chaplin, pero se desliza hacia el caos en cuanto bebe una gota de alcohol. La cámara lo sigue en su vida, desdicha tras desdicha, sin evitar lanzar dardos a todos los personajes e instituciones: al círculo de poesía y al instituto en el que trabaja, solo deseosos de salvar el culo ante una situación difícil, a la familia de la alumna Yurlady, solo deseosa de sacar perras al poeta, y, por supuesto, al poeta mismo, incapaz de poner un poco de orden en su vida. Es una película realizada con humor, con bastante humildad y que respira humanidad por todos sus fotogramas. 



La Odisea (Christopher Nolan, 2026) 8/10

Sinopsis (filmaffinity): Tras la guerra de Troya, el legendario Ulises emprende el largo y peligroso regreso a su hogar en Ítaca, donde su esposa Penélope y su hijo Telémaco lo esperan desde hace mucho tiempo, mientras resguardan el reino de los numerosos pretendientes que acechan el trono. Sin embargo, el camino de vuelta se convertirá en una epopeya legendaria en la que deberá enfrentarse a dioses hostiles y criaturas mitológicas que pondrán a prueba no solo su ingenio y valentía, sino también su propia humanidad. 

La ansiada versión de Nolan de la Odisea de Homero no está tan mal como era de esperar. Es épica y grandilocuente, por supuesto, y los actores y actrices parecen inmersos en un drama de Shakespeare antes que en una obra clásica. Nolan lleva la Odisea a su terreno, introduciendo temas de actualidad, como el efecto devastador de las guerras o el sentimiento de culpabilidad, algo que en la obra de Homero no aparecía en ningún momento, pero que dota a la película de un toque muy actual. El papel de los dioses también se ha reducido, dada la óptica judeocristiana que ha dado Nolan al relato. Por otro lado, Nolan también ha introducido algunos anacronismos que chirrían más, como la autoconsciencia que tienen los personajes de vivir en la Edad del Bronce o de las irrupciones de los Pueblos del Mar. Sin embargo, no está mal del todo, es disfrutable, y Matt Damon no lo hace mal del todo, a pesar de no sonreír en toda la película. La fotografía y la banda sonora son impecables. 



Adiós, muchachos (Louis Malle, 1987) 10/10

Sinopsis (filmaffinity): Invierno de 1943. Durante la ocupación alemana de Francia, en un internado católico para chicos, Julian, un muchacho de trece años, queda impresionado por la personalidad de Bonnet, un nuevo compañero que ingresa en el colegio después de iniciado el curso. 

Una de esas películas que se quedan clavadas en el corazón durante muchísimo tiempo. Ya la había visto, hacía bastantes años, y la recordaba vagamente como una película que deja, a pesar de su temática horrible, un buen sabor de boca. Malle decidió volver a Francia, una vez había alcanzando cierto éxito en Estados Unidos, para rodar una historia autobiográfica, de su experiencia como niño en la Francia ocupada. Indudablemente la Historia se va a inmiscuir en la relación de Julian y Bonnet, una relación de rivalidad inicial y amistad posterior. El final es de los que dejan helado, aun a pesar de estar rodado con la sobriedad del que ha vivido de primera mano aquello que cuenta. 



El intendente Sansho (Kenji Mizoguchi, 1954) 9,5/10

Sinopsis (filmaffinity): A finales de la época Heian, en el siglo XII, el gobernador de un pueblo es enviado al exilio. A pesar de que su familia quiere ir con él, ninguno podrá acompañarle, pues, engañados por una vieja que se hace pasar por sacerdotisa, son vendidos como esclavos por separado: la madre por un lado, los hijos por otro.

No haber visto esta obra maestra de Mizoguchi era una de mis espinitas en lo que se refiere a cine clásico japonés. La historia, en resumidas cuentas, es un dramón, pero dominada por cierta visión humanista del mundo ("todos los hombres nacen iguales", "hay que ser compasivo", le dice el padre a su hijo, antes de marchar al exilio). Lo más interesante es cómo Mizoguchi cuenta esta historia: planos generales, que permiten al espectador centrar su atención donde decida, encuadrados siempre de forma magistral; profundidad de campo y movimientos de cámara imperceptibles, con cierta tendencia al plano-secuencia. Se respira el ambiente de los bosques, con su neblina matutina, aun en el blanco y negro. A pesar de lo doloroso de la historia, Mizoguchi hace toda una labor de autocensura, pera evitar al espectador, con gran sutileza, los momentos de violencia o muerte.  



Kokuho. El maestro del kabuki (Lee Sang-li, 2025) 6/10

Sinopsis (filmaffinity): Pese a nacer en el seno de un clan yakuza, por un extraño giro del destino, un muchacho acaba siendo acogido por una familia de actores de kabuki. A partir de entonces se dedica a las artes escénicas y demuestra su gran talento en el arte del kabuki.

Película bastante convencional, que sirve, fundamentalmente, para dar a conocer al espectador occidental el complejo mundo del kabuki. Los onnagata, actores que interpretan a mujeres, ocupan el centro de la trama. Se muestra el sacrificio, los duros entrenamientos y ensayos, las sesiones de maquillaje y, también, la trastienda, con rivalidades, envidias y caídas en desgracia. El personaje tendrá que lidiar con un gran problema a lo largo de su trayectoria: cómo hacer valer su talento innato en un mundo dominado por las sagas familiares, en el que, si no eres hijo de un actor reconocido, no eres nadie. El film se constituye como un falso biopic, con todos sus esquemas preconcebidos, y quizá se alarga en exceso. Interesante ver a uno de los niños de Monstruo intepretando al personaje en su etapa juvenil.   



No soy yo (Leos Carax, 2024) 7,5/10

Sinopsis (filmaffinity): Un autorretrato del director y su obra que revisa de forma libre más de 40 años de filmografía del autor. 

Ensayo fílmico en el que Carax juega a hacer de Godard, imitándolo con descaro y jugando con su lenguaje, para transmitir sin embargo su propio mensaje. Lo más interesante es su capacidad de síntesis (es un mediometraje) y la mayor capacidad visual que, a mi juicio, tiene con respecto al creador del método, Godard, del que se distancia en repetidas ocasiones, sobre todo con el tema de algunos apartados tratados. En realidad no soy muy fan de su cine, pero, a fin de cuentas, he acabado viendo bastantes de sus películas (Los amantes del Pont-Neuf, Holy Motors, Annette), a las que hace un autohomenaje descarado. Afortunadamente va más allá, con algunas imágenes muy conseguidas (el piano y la tormenta, por ejemplo). 



Johny Guitar (Nicholas Ray, 1954) 8,5/10

Sinopsis (filmaffinity): La relación sentimental entre Vienna, la propietaria de un saloon situado a las afueras de un poblado del oeste, y Johny Guitar, un pistolero con el que se vuelve a encontrar en un difícil momento, constituye todo un clásico que se convirtió en un gran éxito de taquilla. 

No soy yo muy de películas del oeste, pero en este caso se trata de un clásico de esos que hay que ver. Más allá de las peripecias habituales del género, que en general me suelen aburrir, lo más interesante es el personaje de Vienna, interpretado por Joan Crawford, una mujer dura, con pasado, que no teme empuñar un arma o defender aquello que ha conseguido. Una mujer empoderada avant-la-lettre, hecho que hace de esta película algo especial, además del uso del color, sobre todo en lo relativo al vestuario. De hecho, no sé por qué no se titula Vienna, el nombre del personaje femenino, llamándose Johny Guitar, el nombre de su acompañante, irónico personaje pero con tendencia a la violencia irrefrenable. 



Bigger Than Life (Nicholas Ray, 1956) 8/10

Sinopsis (filmaffinity): Debido a una rara enfermedad, Ed Avery debe tomar cortisona, una droga que todavía está en proceso de experimentación y que le provoca alteraciones mentales que repercuten en su trabajo como profesor y en sus relaciones familiares. 

Otra de Nicholas Ray. Pasando por alto el hecho de que la cortisona, medicamento bastante común hoy en día, no provoca los efectos que describe la película, esta puede interpretarse como una metáfora de la drogadicción, o de cualquier adicción que trastoca, con un poder destructor total, la vida profesional y doméstica de cualquier persona. James Mason consigue trasmitir en esta película, con su habitual maestría, el paso de la cordura al delirio, consiguiendo mostrar al final un personaje odioso, al que deseas que todos eliminen de una vez por todas. En el fondo, a pesar del uso del color y el formato panorámico, la película es un melodrama familiar un tanto convencional. Es una película mejor por aquello a lo que apunta que por aquello que realmente muestra. Lo mejor, el título. 


jueves, 30 de julio de 2026

VIATGE PER RIGA, TALLINN I HÈLSINKI

1. El museu de l'ocupació. Tancant la plaça de l'ajuntament de Riga (Rātlaukums) pel costat que s'obri al Daugava, es troba aquest paral·lelepípede negre sobre pilotis, erigit sobre un antic búnquer soviètic. Un edifici que contrasta notablement amb l'arquitectura medieval germanitzant de la plaça, com la que es pot veure en la Casa del gremi dels Caps Negres, reconstruïda en 1999. Un altre element recorda aquest passat de què molts letons es volen desvincular: el monument als fusellers letons, escultura de granit roig d'angles aspres, situada davant del museu, mirant al riu, monument que recorda la contribució letona a la revolució d'octubre. L'ocupació de la qual tracta el museu és precisament l'ocupació soviètica, perquè sobre l'ocupació nazi passa un poc de puntetes, sense voler. El recorregut per l'interior del museu, certament claustrofòbic, comença en agost de 1939, amb la signatura del pacte Molotov-Ribbentrop i els seus protocols secrets, que suposaven el repartiment de territoris entre Hitler i Stalin, i la fagocitació conseqüent, per part de l'URSS, de les recents repúbliques bàltiques, que tornarien d'aquesta manera a l'imperi (no ja del tsar, sinó de Stalin). Molts panells parlen, amb fotografies de famílies senceres, de les deportacions de 1941 (poc abans que s'encetara l'Operació Barba-roja) i de 1949. Mapes mostren eixa diàspora forçosa, que arribava fins a Magadan, al Pacífic, al sud de Kamtxatka. Fins i tot es pot veure l'uniforme d'un presoner del Gulag, amb els seus mitjons per al fred i l'humil estoig per guardar la cullera. També hi ha tota una sala superior dedicada a la lluita per la independència, a partir de la perestroika. En canvi, tot allò que va passar entre juliol de 1941 i octubre de 1944, amb protagonisme d'alguns letons, com Viktor Arājs (nazi letó, assassí de jueus, del qual només hi apareix una fotografia), no es tracta amb suficient espai i profunditat. Sembla que eixa ocupació, la nazi, i el seu col·laboracionisme, no contribueixen a la creació de mites nacionalistes actuals. 

La Rātlaukums, amb la Casa dels Caps Negres (Riga).

Els anomenats Tres Germans (Riga).

El monument als fusellers letons, el museu de l'ocupació i la torre de l'església de Sant Pere (Riga).


 

2. Eisenstein i Eisenstein. En la ciutat de Riga coexisteixen diferents realitats, que es poden veure fàcilment en el plànol urbà. El centre, d'època medieval, encara que modificat amb detalls modernistes, és el nucli originari, la ciutat hanseàtica, una mena d'illot alemany encerclat per un territori letó. Durant molts segles, des d'aquesta Riga l'elit germànica exercia de manera invariable la seua dominació aristocràtica, comercial i cultural sobre un territori de llauradors i serfs letons, independentment de l'imperi al qual pertanyera la ciutat, ja fora suec o més tard rus. Al voltant d'aquesta primera ciutat, creix un exuberant eixample modernista, de les darreries del segle XIX i principis del XX, és a dir, del període dels Romànov, que va continuar durant la primera independència de Letònia. Finalment, més enllà del riu i de les vies del tren, s'estén una ciutat difusa de blocs elevats i humils, repetitius, separats entre si per zones verdes i connectats per tramvies i, ara, per carreteres d'altes velocitats: és la ciutat soviètica, on sembla que viu gran part de la població de l'actual Riga, donat que el centre està completament destinant als turistes. La transició entre la Riga antiga, germànica, i la Riga soviètica, es troba en el Mercat Central, ubicat en un antic hangar militar. Més enllà es troba l'actual Acadèmia de Ciències, un dels gratacels de Stalin que componien les Set Germanes (amb el de Varsòvia i altres cinc a Moscou). En la cafeteria de l'Acadèmia, en la planta baixa, serveixen una sopa, molt bona, per cert, que recorda a antics períodes. De tornada a la ciutat, en l'eixample, en els carrers Alberta i Elizabetes, es troben els principals exemples de modernisme de Riga, un art nouveau del mateix nivell i complexitat que el que es pot trobar a Vienna o Brussel·les. Un dels principals artífexs d'aquest estil fou l'arquitecte Mijail Eisenstein, pare del director de cinema. Les façanes de les residències per ell dissenyades es troben farcides de detalls, esfinxs, cleopatres, paons reials, nimfes, referències a Orfeu i altres mites. Sembla un dels ballets de Diàguilev, Nijinski i Stravinski fet pedra. L'estil barroc passaria al seu fill, celebèrrim director que mai va avantposar el missatge a l'estil, la qual cosa li va suposar algun que altre problema amb les institucions soviètiques, sobretot durant l'estalinisme. Observant la complexitat i el refinament d'aquestes construccions, u se sent temptat a pensar que a la revolució no s'arriba després d'un període obscur i de pobresa extrema, sinó al contrari: després d'un període de clarividència intel·lectual i de progrés tècnic, en el qual resulten indignants les encara visibles traces de la desigualtat.   

Les escultures als sostres de la ciutat de Riga son una de les seues característiques més reconegudes. Ací, el gat. 

L'Acadèmia de les Ciències (Riga). 

Edificis modernistes del carrer Elizabeta (Riga). 

Esfinx en una de les portes d'un edifici de Mijail Eisenstein (Riga).

L'estudiant repassant la lliçó en el sostre d'un edifici, com un homenatge als aprenents (Riga).


3. Els alemanys del Bàltic. En el Gran Cementeri de Riga, ubicat en l'extraradi de la ciutat, es pot comprovar, només llegint els cognoms escrits en les làpides i panteons, el poder que exercia la comunitat alemanya en Riga. En realitat, tant Riga com Tallinn, anomenada Reval pels alemanys, eren ciutats quasi completament germàniques, en les quals els letons i els estonians componien només les capes més baixes de l'artesanat i el servei domèstic. Amb la revolució industrial hi arribaren més des de les zones rurals, i amb la russificació de finals de segle XIX, la comunitat alemanya va perdre els seus privilegis lingüístics, que no econòmics (no cal més que recordar als Wrangel i Miller de la Rússia blanca per comprovar com els alemanys bàltics eren una elit conservadora en l'exèrcit rus). Aquest cementeri és tot un delit per als sentits.  Actualment, és un parc ombrós, sense cap tanca, amb aurons, oms i roures, que creen un fascinant ventall de verds. L'antiga esplendor de certes famílies es veu en panteons que imiten temples grecs o capelles gòtiques, mig ocultes per la frondositat del bosc. Després de la II Guerra Mundial, el cementeri fou abandonat i parcialment vandalitzat. També en Tallinn, literalment ciutat danesa (Tal-Linn), es poden veure empremtes d'aquest passat germànic. A diferència de Riga, el nucli històric de Tallinn s'eleva sobre un promontori que domina la costa, en el qual s'alçaren i s'enderrocaren, amb el pas del temps, fortaleses daneses i sueques, i el palau de la tsarina Caterina la Gran. Però passejant pel nucli de Toompea, la ciutat alta, dominen els palaus del segle XVIII, construïts per i per a alemanys bàltics. La curiositat em va fer observar unes antigues fotografies situades a la porta d'un antic gymnasium, encara en funcionament, anomenat Gustav Adolfi. Fotografies que mostraven al grup de professors, amb els seus bigots, ulleres i corbates, amb rostres severs acostumats a exercir càstigs corporals, segurament professors de llatí, grec, retòrica o matemàtiques, i els estudiants, amb vestits semblants, elegants però d'ús diari. Una fotografia que s'assemblava a moltes altres de grups escolars de qualsevol ciutat de la Mitteleuropa de principis de segle XX, ja fora Praga, Vienna, Budapest o Berlín. Buscant un poc, resulta que aquest institut és dels més antics del món, fundat pel rei suec Gustav II Adolf de Suècia. El de la Guerra dels Trenta Anys. En wikipedia figuren els noms dels directors de la institució: fins al segle XX, quasi tots amb cognoms alemanys; després de 1945, amb cognoms russos. Ara ja, des dels vuitanta, estonians. Què va ser de tots aquests alemanys que poblaven Riga i Tallinn? Molts emigraren a Alemanya, convidats per Hitler, després de la signatura del pacte Molotov-Ribbetrop i l'annexió soviètica dels països bàltics en 1940. La resta ho van fer després, entre 1944 i 1945, ja no voluntàriament, sinó a la força, com els prussians de l'actual Kaliningrad. Encara que alguns ho feren també cap a l'interior de Rússia, als camps del Gulag. Tot depenia del paper d'aquests alemanys entre eixes dues dates, 1940 - 1944. Alguns tingueren un paper molt protagonista en crims de guerra i teories delirants i psicòtiques, com el nazi Alfred Rosenberg, nascut a Tallinn. No seria l'únic. Ara ja no hi queden alemanys del Bàltic, com tampoc hi queden jueus per altres motius evidents: sí que hi ha, en canvi, russos del Bàltic, hereus de l'emigració d'època soviètica, en la majoria dels casos fills i filles d'obrers que anaren a treballar a les indústries de la zona. Encara hi viuen allà, en nombre important, però les ciutats ja no estan creades per a ells i, en certa manera, hauran de conviure amb culpabilitats passades i actuals.  

Visió general del Gran Cementeri.

Una de les moltes escultures del Gran Cementeri.

Vista de Tallinn des de Toompea.

Antiga fotografia dels professors i estudiants del gymansium Gustav Adolfi (Tallinn).


4. Carrara en Finlàndia. Hèlsinki és una ciutat relativament nova, amb un centre històric del segle XVIII, coronat per la catedral luterana, de planta de creu grega amb cúpula, situada damunt d'una imponent escalinata, i un centre nou, una mena d'Acròpoli o Illa dels Museus, ideada per Alvar Aalto. Aquest arquitecte és un dels principals exponents del particular star system del Moviment Modern, com també ho foren Le Corbusier, Mies van der Rohe o Frank Lloyd Wright. L'obsessió d'Aalto, sempre recolzat per la seua dona Elissa (alguns dissenys de la qual van passar com del seu marit), era la de trasplantar l'arquitectura mediterrània a Finlàndia. Utopia total, donada l'extrema disparitat dels seus climes. Volia aplicar materials i formes mediterrànies, com el maó caravista de l'ajuntament de Säynätsalo o la casa de Muuratsalo, o espais que recorden a claustres i a àgores modernes (l'ambiciós projecte de Seinäjoki). La seua última gran obra va ser l'Acadèmia de Finlàndia (Finlandiatalo), un pavelló encarat a la badia de Töölö com una mena de vaixell, fàcilment reconeixible amb el seu exterior completament blanc com la neu, gràcies al seu revestiment amb marbre de Carrara (un altre ullet al Mediterrani). Aquest projecte fou molt criticat, ja que el marbre podia patir un desgast molt ràpid en un clima fred i plujós com el de Hèlsinki, a banda de no servir com a aïllant tèrmic, sinó justament el contrari, creant un espai fresc i relliscós. Però Aalto va avantposar la seua idea al pragmatisme, o fins i tot a la racionalitat (aquest debat recorda també al de l'actual pel·lícula L'inconnu de la Grande Arche). De fet, els crítics tenien raó: tot el luxós revestiment de marbre de Carrara hagué de ser substituït per un altre, també italià (marbre Lasa Bianco Nuvolato) entre 2018 i 2024. L'aparença actual és simplement espectacular. El nivell de detall del mobiliari interior, de les portes, dels poms i panys, dels bancs ondulats de marbre, del ritme extern del revestiment, fan volar la imaginació cap a una visió nova de l'Acròpoli d'Atenes, acabada de construir. Tot eixe espai de plaer tranquil s'amplifica amb un altre edifici, el de la Biblioteca Nacional, obra recent (2018) de l'estudi ALA (Samuli Woolston, Juho Grönholm i Antti Nousjoki). És aquest un edifici quasi diríem que lúdic. Una biblioteca de formes orgàniques de fusta, amb rampes interiors, escales de caragol dobles, lucernaris, formes ondulades, que sembla més un espai d'esbarjo que un lloc de concentració, lectura i estudi. Aquest edifici, juntament amb el Musiikktalo (Centre de Música), el Kiasma (Museu d'Art Modern) i el Finlandiatalo conformen una mena de centre nou, ultramodern. L'actual fisonomia del Finlandiatalo, convertit en patrimoni nacional des de 1993, contrasta amb la d'un altre palau de congressos, situat a l'altra banda del golf de Finlàndia: el Linnahall de Tallinn. Aquest és una megaestructura soviètica, creada per als Jocs Olímpics de 1980 (Tallinn fou la seu de les competicions de vela), concebuda com una gran plataforma de formigó, a penes elevada, però de gran extensió, enfront de la mar com una mena d'espigó. És tot un exemple d'arquitectura brutalista, que va estar obert fins a 2010, trobant-se en l'actualitat en una situació de complet abandonament i vandalització voluntària, donat el desinterés de les institucions estonianes en mantindre una mole d'aquesta extensió, a més símbol d'un passat que s'estan esforçant, fins i tot massa, en esborrar. Si en Finlàndia la conservació del pavelló d'Aalto, més un símbol que un edifici funcional, suposa una gran despesa que s'assumeix sense problemes (Aalto és una glòria nacional), el Linnahall acabarà destruït, com un temple d'una religió desapareguda.     

La Biblioteca Nacional de Hèlsinki.

El Finlandiatalo.

El Linnahall de Tallinn.

5. Els finlandesos voladors. Continuant caminant cap a l'interior de Hèlsinki, per barris silenciosos d'edificis anònims, es troba l'Estadi Olímpic (Helsingin Olympiastadion), seu dels Jocs Olímpics d'estiu de 1952. Per damunt de les seues línies funcionalistes destaca la gran torre, de 72,71 metres, la distància en alçària del record de javelina aconseguit en 1932 per Matti Järvinen. Davant de l'estadi es troba una escultura commemorativa del grandíssim atleta Paavo Nurmi, un dels grans campions de les carreres de fons, abans de l'arribada dels atletes africans a partir dels anys seixanta-setanta del segle XX (anys de la descolonització). Podria dir-se que Nurmi és, conjuntament amb Zatopek i Bikila, un dels grans símbols clàssics de les curses de fons i de l'olimpisme en general, encara que, a diferència dels altres, no va destacar en els maratons. Nurmi va participar en tres Jocs Olímpics, els d'Anvers 1920, París 1924 i Amsterdam 1928, aconseguint nou medalles d'or, quantitat igualada pel nadador Mark Spitz, la gimnasta Larisa Latínina i el velocista Carl Lewis, i superat només per Michael Phelps des de 2008. Nurmi seguia la tradició de fondistes finlandesos iniciada per Hannes Kolehmainen, i que tingué en Lasse Viren l'últim exponent dels finlandesos voladors. Aquest últim va resultar guanyador dels 5 000 i 10 000 a Múnic 1972 i Montreal 1976, encara que les seues victòries van quedar una mica eclipsades per la sospita d'haver utilitzat autotransfusions sanguínies, sent un pioner en aquesta pràctica que, anys després, seria considerada dopatge. Pel que fa a Nurmi, va ser tot el contrari de les actuals estreles de l'esport, molt carregades de bombo, sobretot les nord-americanes, envoltades quasi sempre d'històries de superació, siga Armstrong o Simone Biles. Gens més allunyat a la creació d'un relat que Nurmi, atleta reconegut pel seu caràcter fred i taciturn i per repel·lir qualsevol acte públic de reconeixement. 

Escultura idealitzada de Paavo Nurmi.

L'estadi olímpici de Hèlsinki, amb la seua característica torre de 72,71 metres. 


6. Moomin i Mündchausen. Passejant per l'Esplanadi, una mena de promenade historicista de Hèlsinki que condueix, girant a la dreta, cap a l'Estació Central, es troba la botiga oficial de Moomin, plena de gent comprant ninotets i còmics d'aquesta família de personatges, semblants a hipopòtams, obra de la dibuixant Tove Jansson i convertits en símbol de Finlàndia. Encara que van emetre aquests dibuixos en Televisió Espanyola a principis dels noranta, no els recorde massa bé. Soc conscient que els emetien, però no recorde haver-los vist mai amb deteniment. Els Moomin em semblaven massa filosòfics potser, o d'una simplicitat que difícilment podia interpretar, en eixa edat, com profunditat. Preferia els dibuixos japonesos. Però sí que recorde les seues formes. Després de creuar el Bàltic de tornada a Tallinn en el ferry-creuer, i ja en el bus cap a Riga, em fixe en els mitjons d'un dels passatgers: en ells està brodat un dels personatges de la sèrie de dibuixos. Ho busque en internet: aquest personatge és una mena de follet vestit de verd, amb un barret punxegut, que s'anomena Snufkin. Segons la wikipedia, aquest personatge és un dels millors amics de Moomin, li dona consells, i viatja a soles pel món, de forma silenciosa, només amb la seua harmònica, perquè no vol tindre objectes que l'apeguen massa a un lloc concret. És un continu viatger, un viatger silenciós, com molts dels que he trobat al llarg d'aquest curt viatge. He de reconéixer que m'agrada la idea d'allò que representa el personatge. Ja prop de Riga, després del llarg viatge en bus, passem a prop d'un parc dedicat a un altre personatge de ficció, o de semificció, millor dit: el baró de Münchhausen. Personatge real, conegut per les seues fanfarronades, popularitzat per les històries per a xiquets de Rudolf Erich Raspe. Em sorprén, no esperava que estiguera relacionat amb Letònia, o amb Livònia, com deien abans. Recorde una pel·lícula de la meua infància, aquesta sí vista i gaudida, però mai de principi a fi: Les aventures del baró de Munchausen, de Terry Gillian. Llegint algunes històries en wikipedia sobre aquest militar mentider i exagerat recorde fragments de la pel·lícula. El baró diu que va poder eixir d'un sorramoll tirant-se dels cabells per la cua; el baró diu que va arribar a la Lluna i va conéixer els selenites, o la més coneguda de les seues històries, reflectida en una figura que assenyala a la vora de la carretera l'inici del parc dedicat al baró: la del baró de Mündchausen volat per l'aire damunt d'una bala de canó. Ay, Snufkin, Mündchausen... Quant de temps podria passar viatjant o contant històries jo també. 


Fotos de google.




viernes, 26 de junio de 2026

TODOS FUIMOS JÓVENES

Me gustan las fotos de personajes célebres en los años en los que todavía no lo eran. En concreto, me fascinan las fotos antiguas, también de familiares; esas fotos de estudio, un tanto acartonadas, en las que se posa con cierta tensión junto a algún objeto asociado vagamente a la infancia, como un caballito, un cuaderno, un globo terráqueo, una bicicleta. Aquí van unas cuantas. Como apasionado de la fisonomía puedo pasarme un buen rato observando los detalles del rostro adulto que ya apuntan en el del niño: los ojos, las cejas, las orejas, incluso la expresión, a veces de resignada tristeza, como si fueran niños con un exceso de mundo interior. O futuros tiranos. Así pues, a continuación unas cuantas fotos de estudio de niñez, de primera comunión y de graduación, de algunos personajes célebres. 


Franz Kafka en 1888, a los cinco años.


Fernando Pessoa a los diez años, en 1898. 

Sergei Eisenstein en 1907, nueve años. 

Wong Kar Wai con sus padres, a finales de los sesenta o principios de los 70.
 
Winston Churchill de joven. Irreconocible.
 
La primera comunión de Martin Scorsese, 1951.
 
Paul Klee en 1892, con unos 13 años.

Nápoles, años 80. Paolo Sorrentino, primero por la izquierda, junto a sus hermanos, el día de la boda de la hermana. 

Federico García Lorca con 6 años. 

Trotski, en aquel entonces Lev Bronstein, en 1888.

Frida Kahlo en 1919, con 12 años.

Foto de clase de Federico Fellini, en el curso 1936 - 1937 (es el último por la derecha en la fila superior). De joven, en la Roma de los 40, le llamaban Gandhi por su extrema delgadez.  


Luchino Visconti, con 14 años, en 1920 aproximadamente. Pose aristocrática.   


Yukio Mishima en 1944 (19 años) con su hermana y su gato. Entonces todavía conocido como Kimetake Hiraoka. 

Joan Fuster en 1934, con 12 años. 

Boris Yeltsin en su época de estudiante universitario, en los años 50. 

Foto de la orla de David Lynch, en 1964. Una de las fotos en las que menos cambios se aprecian de la juventud a la madurez. 

Josip Broz Tito en 1928. No es una foto de demasiado joven, pero es completamente irreconocible. Imponente mandíbula y gafas que meten miedo. 


Richard Nixon en su época universitaria, en los años 40. 

Mao Zedong en 1913 (20 años, aunque parezca que tiene 10)

Fidel Castro en sus años universitarios, como jugador de baloncesto. 

Nicolae Ceausescu en 1936, con 18 años. 

martes, 23 de junio de 2026

PELÍCULAS (Y SERIES) VISTAS ÚLTIMAMENTE (MAYO-JUNIO 2026)

Me ha costado poner al día el blog, sobre todo en lo referente a películas nuevas. No he ido al cine en mucho tiempo, lo confieso, de manera que la mayor parte de las cosas que he visto en casa han sido películas que ya había visto anteriormente. Así pues, los placeres de la revisión. Citaré rápidamente algunas de las películas que he vuelto a ver y que he disfrutado en su segundo, tercero o cuarto visionado. Taxi driver, por ejemplo; Excalibur y Lancelot du Lac, dos versiones completamente opuestas del mito artúrico, pero igualmente disfrutables; Memories of Murders, una película que, tras ya varios visionados, se ha convertido en una especie de comfort movie personal, aunque resulte inquietante confesarlo...y muchas otras más. Pasemos ahora a las películas nuevas, aquellas que no había visto, y a las impresiones que me han dejado. Incluyo también una serie. 

 

La Mesías (Javier Ambrossi y Javier Calvo, 2023)

Sinopsis (filmaffinity): el vídeo viral de un grupo de música pop cristiano, compuesto por varias hermanas, impacta en la vida de Enric, un hombre atormentado por una infancia marcada por el fanatismo religioso y el yugo de una madre con delirios mesiánicos. 

Siguiendo el reconocimiento de los Javis en Cannes, he decidido darles una oportunidad. Hasta el momento eran unos personajes que no habían despertado en absoluto ningún tipo de interés por mi parte. La serie, que se puede ver en Movistar+, se deja ver, incluso podría decirse que atrapa, empleando todos los recursos de las series para tal fin. La factura de la serie es correctísima, en ese afán actual de la tele de emular al cine. Podría decirse que la serie enlaza toda una serie de elementos aleatorios que están en el ambiente. Ovnis, montañas iniciáticas (tema que me fascina), viajes de ayahuasca, espiritualidad new age, sectas, educación cristiana... Son todos ellos elementos que están en el ambiente, y que a mí y a los de mi generación pueden hacer algo de gracia, al menos desde la distancia, como temas pop. En ese sentido, es una serie que sabe explotar bien sus propias rarezas, incluso en los momentos en los que roza la vergüenza ajena. 

No me han convencido en exceso las tres mujeres que hacen de la Mesías en sus diferentes etapas vitales, sobre todo Carmen Machi, una actriz que me produce cierto rechazo irracional (seguramente debido a su paso por series de Telecinco). Por contra, valoro mucho la aparición de Roger Casamajor, actor fetiche del fallecido Agustí Villaronga, en películas como El mar o Pa negre. En resumen, mi primer acercamiento a los Javis, prescindiendo de todo lo que les rodea, acaba con un aprobado alto.  



Marco (Aitor Arregi y Jon Garaño, 2024)

Sinopsis (letteboxd): Enric Marco, un sindicalista español, pretende pasar como superviviente de los campos de concentración nazis.  

Sigo con otro producto español (qué detectable palabra, producto). Marco  es un biopic correcto y bien construido, sin grandes alardes formales, sabiendo dejar que la historia del personaje hable por sí sola. En realidad, no se diferencia en exceso de un capítulo de una serie televisiva en cuanto a factura; sí en cuanto a síntesis. La película permite que Eduard Fernández se exhiba, una vez más, con todas sus dotes camaleónicas, siendo suyo gran parte del mérito de la película. 




A Complete Unknown (James Mangold, 2024)

Sinopsis (letterboxd): Nueva York, principios de los sesenta. En un contexto de vibrante escena musical y agitación cultural, un enigmático joven de 19 años, procedente de Minnesota, llega al West Village con su guitarra y su talento revolucionario, destinado a cambiar el rumbo de la música estadounidense. 


Otro biopic, en este caso sobre Bob Dylan, pensado para el lucimiento de Timothée Chalamet (en esta película algo más creíble que en otras ocasiones). Los aciertos de la película se encuentran en la cuidada ambientación, con una recreación minuciosa, y muy otoñal, de los sesenta, buscando motivar la nostalgia del espectador. En muchos casos, una nostalgia por un tiempo no vivido. Las motos, los coches, la ropa, los apartamentos, los bares, todo remite a ese pasado que también han sabido explotar películas como The Holdovers o el propio Wes Anderson. 

La película incide en todos los tópicos de los biopics americanos, con sus personajes buenos y sus personajes malos, los momentos de tensión, el reconocimiento de las propias faltas y demás. Es decir, todo lo que suele machacarse y ofrecerse como una gustosa papilla al espectador, sobre todo en las películas oscarizables. Incide también en cierto didactismo, válido para aquellos que, como yo, han mostrado un escaso interés por la figura biografiada. A decir verdad, a Bob Dylan siempre le tuve bastante manía. Una letra de una de sus canciones, una que vagamente recuerdo que hablaba sobre la bomba atómica, salió preguntada en el examen de historia de mi selectividad. Examen que suspendí. 

Como nota positiva, o al menos original, los actores y actrices de la película interpretan de verdad las canciones. De todas formas, se trata de la enésima película de coming-of-age del Chalamet, y ya lleva unas cuantas. Las mismas, sin ir más lejos, en las que Elle Fanning hace de contrarréplica femenina. Hay una película que no he visto de Todd Haynes llamada I'm Not There, interpretada por Cate Blanchett en el papel de Dylan, que seguramente sea más interesante.  



Mi hermosa lavandería (Stephen Frears, 1985)

Sinopsis (letterboxd): Un joven británico de origen paquistaní regenta una lavandería destartalada con su pareja, mientras lidia con tensiones familiares, con la comunidad paquistaní local y una persistente pandilla de skinheads

Vamos ahora ya con las películas antiguas. Esta película es conocida por ser una de las primeras del actor Daniel Day-Lewis, y también una de las primeras de Stephen Frears, director con una larga trayectoria (Las amistades peligrosas, Alta fidelidad, The Queen, The Program). La película pretende ser una radiografía de los suburbios de la zona sur de Londres en la época del thatcherismo, aunque engloba muchos otros aspectos, con cierta tendencia a la dispersión. Se habla de la desocupación juvenil, de las pandillas de skinheads, de las tensiones internas entre vida privada y vida pública en la comunidad paquistaní (con cierto toque de película de gánsters a lo Scorsese), incluyéndose también un romance LGTBI. Lo más grato de la película es la manera en la que este amor se retrata en la película, con espontaneidad y naturalidad, alejado de los clichés de un amor trágico a lo Romeo y Julieta. 

Podría decirse que esta película sirvió a modo de cajón de sastre para que el cine británico de décadas posteriores rebuscase en él sus temáticas, aderezadas del toque nostálgico del que lógicamente carece la película. Pienso, por ejemplo, en This is England y todo el tema de los skins, o en la reciente Blue Jean y el tema de la homosexualidad en esos años. La película tiene momentos alegres, un tanto absurdos, que evitan que la película tenga una carga social excesiva. Me quedo, por ejemplo, con la banda sonora que imita de forma puntual el sonido de una lavadora centrifugando. Aunque si tuviera que elegir alguna película del cine obrero británico, me quedaría con Kes, de Ken Loach, unas décadas anterior, pero de obligado visionado. 



El retrato de Dorian Gray (Albert Lewin, 1945)

Sinopsis (letterboxd): Un joven corrupto logra conservar su belleza juvenil, pero su retrato revela gradualmente su fealdad interior. 

Otra película antigua, en este caso, toda una antigualla de cine clásico. A título personal, esta era una de las películas favoritas de mi abuela, una gran aficionada al cine, sobre todo al cine de suspense norteamericano. Esta y Los crímenes del museo de cera era sus preferidas. Por las fechas del estreno de El retrato de Dorian Gray en España, la debió de ver siendo realmente joven. También me regaló en su día la novela de Oscar Wilde, que seguramente leyó después de ver la película. 

Se trata de una película de una cuidada ambientación, en la que tienen especial importancia los decorados: el estudio del pintor, la casa del propio Dorian, con el cuarto secreto donde oculta el cuadro, y las tabernas de la noche londinense. La casa de Dorian está repleta de esculturas, de espejos, de mobiliario sofisticado, que aluden a la belleza externa del personaje, mientras que en el cuarto secreto se oculta el cuadro, con un fantástico protagonismo estético en la película, y otros objetos, que infantilizan al personaje. La noche londinense está retratada siguiendo el estilo del expresionismo alemán, o de películas norteamericanas de los años 30, como Svengali. Es lógico que esta película no fuese un éxito, dado que su recargamiento visual la alejaba de los parámetros del cine clásico puro. 

El personaje de Dorian, interpretado por Hurt Hatfield, es quizá demasiado plano, demasiado frío, pero quizá sea mejor así. Se pasea por Londres como una especie de Conde Drácula. Le gana la partida el personaje de George Sanders, locuaz hasta la extenuación. Quizá ese exceso de diálogos sea uno de los elementos a los que un espectador actual esté menos acostumbrado. 





Maurice (James Ivory, 1987)

Sinopsis (letteboxd): Tras ser rechazado por su amante, Maurice intenta reconciliarse con su sexualidad dentro de las restricciones de la sociedad eduardiana. 

Maurice es una película de época, de cuidada ambientación, que retrata los obstáculos de un joven burgués para vivir plenamente su sexualidad. Es una película interesante, bien construida a partir del guion, que adapta una novela de E. M. Forster. No soy muy aficionado a las películas de época de James Ivory, se me hacen un poco bola por su rigor clásico y cierto acartonamiento formal. Pero, si uno se deja de superficialidades, puede darse cuenta de que bajo esa epidermis subyace un interés subversivo, de denuncia casi. En este caso, la película está demasiado bien contada como para obviar sus elementos positivos. 

Maurice (James Wilby) se da cuenta de la falsedad y la inutilidad de su amor platónico, mientras que Clive (Hugh Grant) se acomoda a los imperativos sociales de su época y de su clase, renunciando a su propia identidad. En fin, se trata de una película que privilegia sobre todo la historia contada, los personajes y su evolución, con cierta invisibilidad de la cámara, que siempre está colocada en el lugar idóneo, sin llamar la atención.   




Una giornata particolare (Ettore Scola, 1977)

Sinopsis (letterboxd): Dos vecinos - un periodista perseguido y una resignada ama de casa - forjan un fuerte vínculo el día de la histórica visita de Hitler a Roma en 1938. 

En este caso se trata de una película que ya había visto, pero hacía tanto tiempo de aquello que casi la había olvidado. Me ha resultado una revisión fascinante, no la recordaba tan buena. Tan real, tan didáctica y tan simbólica al mismo tiempo. En su día fue una película muy renombrada, por la aparición en ella de las dos grandes estrellas italianas del momento, Marcello Mastroianni y Sophia Loren. A día de hoy, atenuado el magnetismo de ambos, podría decirse que Loren interpreta mejor a la sufrida casalinga que Mastroianni al homosexual represaliado. Seguramente es la mejor película de Sophia Loren. 

La película arranca con un plano-secuencia portentoso, casi invisible. La cámara entra por la ventana del patio de luces y recorre los pasillos de la casa mientras los miembros de esa familia numerosa son despertados por la madre para no perderse los desfiles. La radio no deja de sonar ni un momento, reforzando la idea de la inexistencia de privacidad en el fascismo. Todo es político. Pocas películas muestran de forma tan clara cómo el fascismo impregnaba todos los aspectos de la vida. También cómo el fascismo, con su panoplia de gorros, uniformes, botas, desfiles, bravuconerías y soflamas, camuflaba la virilidad mal asumida del macho italiano, a la par que lo mantenía en una adolescencia eterna. Es interesante cómo el personaje de Sophia Loren va descubriendo por sí misma, poco a poco, que no es oro todo lo que reluce, que sus álbumes de admiradora del Duce esconden otra realidad: la de su vecino. 

En resumen, es película muy recomendable. Una de esas en las que apenas pasa nada, pero que capta una realidad y una época con gran sutileza y sensibilidad, alejándose de la caricatura, las simplificaciones, el tremendismo o la condescendencia, sin por ello renunciar a su vocación de erigirse en símbolo de una época.