Sentimental Value tiene algunas de las cosas que me gusta encontrar en una película. Por ejemplo, la mezcla de ficción y de realidad, el oficio de la interpretación, el peso del pasado, el cine dentro del cine o el drama familiar. Es una película, como tantas otras, de ver la vida pasar, aquellas en las que me encuentro más a gusto. Pero no por ello Trier renuncia a cierta concepción visual muy personal, como llega a decir en algún momento de la película el personaje interpretado por Stellan Skarsgård. Su película no es, ni mucho menos, como tantos otros productos audiovisuales actuales, que tan poco se diferencian de una serie. Es una película que, además, recomiendo ver sin leer nada sobre ella (ni siquiera lo que viene a continuación).
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| Un bonito juego de colores. |
En su película hay alguna pullita a Netflix (como en la última de Moretti) y también algo de tremendismo nórdico, con la afición de estos por el drama depresivo, tan a lo Bergman. Pero es una película que te convence desde el principio, desde la primera escena, en la que la cámara desmenuza en cortos travellings la casa familiar, el auténtico protagonista silencioso de la película.
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| ¡Qué casa! Es bonita, pero también da un poco de miedo. |
Es también una película que confía plenamente en la potencia de los intérpretes, en su aura, como se diría ahora. Stellan Skarsgård y, no en menor medida, Renate Reinsve tienen la capacidad para conducirnos al lugar que desean. Con la expresión no solo del rostro, no solo con la dicción, sino con todo el cuerpo, especialmente ella. Es, en efecto, un ejercicio de manipulación, pero sin tantas trampas como las que emplean otros cineastas contemporáneos. Lo que consigue Reinsve es algo muy notable, rozando la excelencia.
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| Por no hablar de Inga Ibsdotter Lilleaas. |
También es una película que habla, como ya lo hacía La peor persona del mundo, de cierto encorsetamiento moralista de la sociedad y la cultura actual. El personaje de Skarsgård es una especie de viejo rockero, que no duda en regalar a su pequeño nieto películas tan poco educativas como La pianista o Irreversible (una pequeña broma cinéfila de Trier). Es un personaje que, aun fuera de lugar y siendo todo un desastre como padre, se sale con la suya.
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| ¡Vaya recomendaciones para un niño! |
Uno revisa la lista que ofreció Trier de sus películas favoritas, a propósito de la encuesta de Sight and Sound en 2022, y encuentra algunos referentes que aparecen aquí y allá en la película. Ocho y medio, con ese cine dentro del cine y de película en proceso, e incluso con los desdoblamientos entre actriz y personaje real al que hace referencia; Persona, con ese retrato de la depresión tan nórdico, e incluso con la icónica superposición de rostros de la película de Bergman; El espejo, con esa escena del recuerdo de la naturaleza vista desde el interior de la casa, un auténtico calco visual de alguna escena de la película de Tarkovski; e incluso Annie Hall, dadas las soluciones musicales de algunas escenas. De todas maneras, estas referencias no son nunca demasiado obvias, sino que aparecen integradas en una trama que ya no tiene la dispersión de La peor persona del mundo.
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| El tema, ya un poco trillado, del genio anciano y desorientado que reevalúa su vida. |
En fin, me ha gustado. He salido satisfecho del cine, algo que no sucedía tras los últimos bodrios consumidos. Y por qué no decirlo, me ha emocionado. Ha tocado algunos puntos que me han resultado sensibles: la relación de las hermanas o el paso del tiempo por la casa. Emociones conseguidas con efectos simplemente interpretativos o de montaje y puesta en escena. Ya sé que esto no es una crítica, pero ya se sabe: aquí no se sirven críticas, sino experiencias de espectador. Ciao!
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| Una película (también) sobre la vida. |





