domingo, 23 de agosto de 2026

PELÍCULAS VISTAS ÚLTIMAMENTE (JULIO - AGOSTO)

Un poeta (Simón Mesa, 2025) 9,5/10

Sinopsis (filmaffinity): La obsesión de Óscar Restrepo por la poesía no le ha reportado ninguna gloria. Envejecido y errático, ha sucumbido al tópico del poeta en la sombra. Conocer a Yurlady, una adolescente de origen humilde, y ayudarla a cultivar su talento trae algo de luz a sus días, pero arrastrarla al mundo de la poesía quizá no sea el camino.  

Esta tragicomedia colombiana es todo un descubrimiento cinematográfico. El personaje del poeta, interpretado magistralmente por Ubeimar Ríos, está tan desamparado como un personaje de Chaplin, pero se desliza hacia el caos en cuanto bebe una gota de alcohol. La cámara lo sigue en su vida, desdicha tras desdicha, sin evitar lanzar dardos a todos los personajes e instituciones: al círculo de poesía y al instituto en el que trabaja, solo deseosos de salvar el culo ante una situación difícil, a la familia de la alumna Yurlady, solo deseosa de sacar perras al poeta, y, por supuesto, al poeta mismo, incapaz de poner un poco de orden en su vida. Es una película realizada con humor, con bastante humildad y que respira humanidad por todos sus fotogramas. 



La Odisea (Christopher Nolan, 2026) 8/10

Sinopsis (filmaffinity): Tras la guerra de Troya, el legendario Ulises emprende el largo y peligroso regreso a su hogar en Ítaca, donde su esposa Penélope y su hijo Telémaco lo esperan desde hace mucho tiempo, mientras resguardan el reino de los numerosos pretendientes que acechan el trono. Sin embargo, el camino de vuelta se convertirá en una epopeya legendaria en la que deberá enfrentarse a dioses hostiles y criaturas mitológicas que pondrán a prueba no solo su ingenio y valentía, sino también su propia humanidad. 

La ansiada versión de Nolan de la Odisea de Homero no está tan mal como era de esperar. Es épica y grandilocuente, por supuesto, y los actores y actrices parecen inmersos en un drama de Shakespeare antes que en una obra clásica. Nolan lleva la Odisea a su terreno, introduciendo temas de actualidad, como el efecto devastador de las guerras o el sentimiento de culpabilidad, algo que en la obra de Homero no aparecía en ningún momento, pero que dota a la película de un toque muy actual. El papel de los dioses también se ha reducido, dada la óptica judeocristiana que ha dado Nolan al relato. Por otro lado, Nolan también ha introducido algunos anacronismos que chirrían más, como la autoconsciencia que tienen los personajes de vivir en la Edad del Bronce o de las irrupciones de los Pueblos del Mar. Sin embargo, no está mal del todo, es disfrutable, y Matt Damon no lo hace mal del todo, a pesar de no sonreír en toda la película. La fotografía y la banda sonora son impecables. 



Adiós, muchachos (Louis Malle, 1987) 10/10

Sinopsis (filmaffinity): Invierno de 1943. Durante la ocupación alemana de Francia, en un internado católico para chicos, Julian, un muchacho de trece años, queda impresionado por la personalidad de Bonnet, un nuevo compañero que ingresa en el colegio después de iniciado el curso. 

Una de esas películas que se quedan clavadas en el corazón durante muchísimo tiempo. Ya la había visto, hacía bastantes años, y la recordaba vagamente como una película que deja, a pesar de su temática horrible, un buen sabor de boca. Malle decidió volver a Francia, una vez había alcanzando cierto éxito en Estados Unidos, para rodar una historia autobiográfica, de su experiencia como niño en la Francia ocupada. Indudablemente la Historia se va a inmiscuir en la relación de Julian y Bonnet, una relación de rivalidad inicial y amistad posterior. El final es de los que dejan helado, aun a pesar de estar rodado con la sobriedad del que ha vivido de primera mano aquello que cuenta. 



El intendente Sansho (Kenji Mizoguchi, 1954) 9,5/10

Sinopsis (filmaffinity): A finales de la época Heian, en el siglo XII, el gobernador de un pueblo es enviado al exilio. A pesar de que su familia quiere ir con él, ninguno podrá acompañarle, pues, engañados por una vieja que se hace pasar por sacerdotisa, son vendidos como esclavos por separado: la madre por un lado, los hijos por otro.

No haber visto esta obra maestra de Mizoguchi era una de mis espinitas en lo que se refiere a cine clásico japonés. La historia, en resumidas cuentas, es un dramón, pero dominada por cierta visión humanista del mundo ("todos los hombres nacen iguales", "hay que ser compasivo", le dice el padre a su hijo, antes de marchar al exilio). Lo más interesante es cómo Mizoguchi cuenta esta historia: planos generales, que permiten al espectador centrar su atención donde decida, encuadrados siempre de forma magistral; profundidad de campo y movimientos de cámara imperceptibles, con cierta tendencia al plano-secuencia. Se respira el ambiente de los bosques, con su neblina matutina, aun en el blanco y negro. A pesar de lo doloroso de la historia, Mizoguchi hace toda una labor de autocensura, pera evitar al espectador, con gran sutileza, los momentos de violencia o muerte.  



Kokuho. El maestro del kabuki (Lee Sang-li, 2025) 6/10

Sinopsis (filmaffinity): Pese a nacer en el seno de un clan yakuza, por un extraño giro del destino, un muchacho acaba siendo acogido por una familia de actores de kabuki. A partir de entonces se dedica a las artes escénicas y demuestra su gran talento en el arte del kabuki.

Película bastante convencional, que sirve, fundamentalmente, para dar a conocer al espectador occidental el complejo mundo del kabuki. Los onnagata, actores que interpretan a mujeres, ocupan el centro de la trama. Se muestra el sacrificio, los duros entrenamientos y ensayos, las sesiones de maquillaje y, también, la trastienda, con rivalidades, envidias y caídas en desgracia. El personaje tendrá que lidiar con un gran problema a lo largo de su trayectoria: cómo hacer valer su talento innato en un mundo dominado por las sagas familiares, en el que, si no eres hijo de un actor reconocido, no eres nadie. El film se constituye como un falso biopic, con todos sus esquemas preconcebidos, y quizá se alarga en exceso. Interesante ver a uno de los niños de Monstruo intepretando al personaje en su etapa juvenil.   



No soy yo (Leos Carax, 2024) 7,5/10

Sinopsis (filmaffinity): Un autorretrato del director y su obra que revisa de forma libre más de 40 años de filmografía del autor. 

Ensayo fílmico en el que Carax juega a hacer de Godard, imitándolo con descaro y jugando con su lenguaje, para transmitir sin embargo su propio mensaje. Lo más interesante es su capacidad de síntesis (es un mediometraje) y la mayor capacidad visual que, a mi juicio, tiene con respecto al creador del método, Godard, del que se distancia en repetidas ocasiones, sobre todo con el tema de algunos apartados tratados. En realidad no soy muy fan de su cine, pero, a fin de cuentas, he acabado viendo bastantes de sus películas (Los amantes del Pont-Neuf, Holy Motors, Annette), a las que hace un autohomenaje descarado. Afortunadamente va más allá, con algunas imágenes muy conseguidas (el piano y la tormenta, por ejemplo). 



Johny Guitar (Nicholas Ray, 1954) 8,5/10

Sinopsis (filmaffinity): La relación sentimental entre Vienna, la propietaria de un saloon situado a las afueras de un poblado del oeste, y Johny Guitar, un pistolero con el que se vuelve a encontrar en un difícil momento, constituye todo un clásico que se convirtió en un gran éxito de taquilla. 

No soy yo muy de películas del oeste, pero en este caso se trata de un clásico de esos que hay que ver. Más allá de las peripecias habituales del género, que en general me suelen aburrir, lo más interesante es el personaje de Vienna, interpretado por Joan Crawford, una mujer dura, con pasado, que no teme empuñar un arma o defender aquello que ha conseguido. Una mujer empoderada avant-la-lettre, hecho que hace de esta película algo especial, además del uso del color, sobre todo en lo relativo al vestuario. De hecho, no sé por qué no se titula Vienna, el nombre del personaje femenino, llamándose Johny Guitar, el nombre de su acompañante, irónico personaje pero con tendencia a la violencia irrefrenable. 



Bigger Than Life (Nicholas Ray, 1956) 8/10

Sinopsis (filmaffinity): Debido a una rara enfermedad, Ed Avery debe tomar cortisona, una droga que todavía está en proceso de experimentación y que le provoca alteraciones mentales que repercuten en su trabajo como profesor y en sus relaciones familiares. 

Otra de Nicholas Ray. Pasando por alto el hecho de que la cortisona, medicamento bastante común hoy en día, no provoca los efectos que describe la película, esta puede interpretarse como una metáfora de la drogadicción, o de cualquier adicción que trastoca, con un poder destructor total, la vida profesional y doméstica de cualquier persona. James Mason consigue trasmitir en esta película, con su habitual maestría, el paso de la cordura al delirio, consiguiendo mostrar al final un personaje odioso, al que deseas que todos eliminen de una vez por todas. En el fondo, a pesar del uso del color y el formato panorámico, la película es un melodrama familiar un tanto convencional. Es una película mejor por aquello a lo que apunta que por aquello que realmente muestra. Lo mejor, el título. 


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