La bola negra se me ha hecho un poco bola (no creo que sea el más original utilizando esta broma). Fui al cine con las mejores intenciones, dispuesto a dejarme llevar, aunque me temía que iba a pasar lo que ha pasado. El didactismo, el deseo de llegar a todos los públicos, el exceso de subrayado de algunas escenas y, en definitiva, la grandilocuencia, acaban por ahogar a mi juicio toda tentativa de hacer una película sutil, honda y emotiva. Es una película ambiciosa, lo que de por sí no es algo malo; le perdono menos que sea demasiado redundante. No salí del cine a lágrima viva, como dicen tantos testimonios. Quizá sea yo, que no sé mirar, o que me he hecho viejo. Quizá estoy demasiado acostumbrado a un cine en el que la elipsis y la sugerencia hacen más su papel.
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| Interesante la historia de la bola negra. |
De todos modos, la película tiene sus puntos interesantes, tampoco es plan de hacer una crítica destructiva. (SPOILERS) Me gusta Granada, debilidad personal mía, y me gusta por tanto casi toda la historia de 1932, aun salvando ciertas simplificaciones algo caricaturescas. Es interesante que los Javis hayan recogido el testigo de esa obra de Lorca apenas esbozada y se hayan propuesto acabarla: me gustaron las escenas de la nieve. Pero más aquella en la que Carlos, el alter ego del poeta, se desmelena, con un largo plano-secuencia en el que la cámara baila. Creo que es una escena que resume bastante bien, y sin palabras, la intención final de la película, pareciéndome la mejor escena. Y también me han gustado algunas líneas del guion, algunas frases dispersas por aquí y por allá, que recogen bastante bien el tono lorquiano. También me ha convencido, a pesar de su menor peso, la historia actual, con las fricciones entre madre e hijo, muy bien conseguidas por Lola Dueñas y Carlos González (el de Paquita Salas). En general, todos los arranques de cada una de las líneas temporales están muy conseguidos, como el bombardeo del pueblo nada más comenzar la película.
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| Milo Quifes, el actor que hace del alter ego del poeta joven, siempre con el flequillo en la cara (quizá para mostrar sus intentos de pasar desapercibido en un mundo hostil). |
Sin embargo, la trama de 1937, protagonizada por Guitarricadelafuente y Miguel Bernardeau, me ha parecido más distante, quizá por la interpretación un tanto plana de Bernardeau, incapaz de transmitir gran cosa y convertido en la película en una especie de pin-up masculina. Tendría que ser el nudo central de la película, pero para mí algo falla. Si se quiere un romance queer algo retorcido sobre la guerra civil y el franquismo, ahí sigue siendo insuperable El mar, de Agustí Villaronga, con mejores actuaciones. En general, las decisiones de casting parecen más bien motivadas por cuestiones de apariencia que por la solvencia interpretativa. Pero es curioso que el que transmita menos sea el actor que es profesional. Su interpretación encajaría perfectamente en Cuéntame o en cualquier novela de sobremesa. Por poner un ejemplo, hay escenas de dicción complicada (quizá esté yo un poco sordo, no lo niego). Otro episodio que se me ha hecho bola es toda la aparición de Penélope Cruz. Lo sé, ha sido muy alabada su breve presencia, y su aparición, como la de Glenn Close, está pensada con Hollywood en el punto de mira y la caza de premios internacionales. Pero a todo eso en esta página se le da una relevancia mínima (la que tiene), con lo cual la aparición de ambas artistas consagradas no me puede resultar más pegote, aunque pueda tener alguna justificación en la trama. Los números musicales de Penélope Cruz tenían cierto aire a Ay, Carmela o La niña de tus ojos. Se me hicieron bola.
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| Le falta algo de química a la relación entre Sebastián (Guitarricadelafuente) y Rafael (Miguel Bernardeau) |
A nivel temático, es curioso que las líneas temporales de 1932 y 1937 muestren amores queer sublimados por su imposibilidad, rodeados de hostilidad y represión, amores por tanto épicos, mientras que la realidad mostrada de 2017, ya con libertad, es más prosaica y sumergida en los problemas del día a día, como la incomunicación, el sexo de usar y tirar y los problemas de la convivencia. Es como si los Javis hubiesen romantizado los amores silenciados, mientras muestran el hastío que rodea a los de hoy. En parte, el cansancio vital y la amargura que arrastra el personaje interpretado por Carlos González es la propia del que no conoce su pasado, enlazando así el hastío existencial con el valor terapéutico de la memoria histórica.
En entrevistas previas, los Javis nombraron como influencias a Tarr, Tarkovski, Klimov y Pawlikowski, quizá por aquello de darse el pote. El único elemento que acerca la película de los Javis a Ven y mira es la crudeza de la exposición de los desastres de la guerra, con esas carretas de muertos y heridos rodadas en plano cenital (también de lo más impactante de la película). Algunos planos, como aquel en el que sale el pelotón de fusilamiento y la cámara permanece encuadrando el mural falangista (En España vuelve a amanecer), también son dignos de los referentes nombrados. En las redes he escuchado que la película toma también muchas cosas de Las horas, película que no he visto y que, por tanto, no puedo comparar.
En resumen, película bastante hinchada, bajo mi punto de vista, poco sutil en muchas ocasiones. En algunos momentos es salvable, incluso disfrutable. Está bien construida, no lo cuestiono, hay un gran trabajo de guion detrás, ya que las tres líneas temporales están muy bien trabadas y dosificadas, y la fotografía y la música son buenas. No descarto que sea un grandísimo éxito de taquilla y premios. La película explota toda una serie de tópicos que se venderán de maravilla en el extranjero: Lorca, flamenco, guerra civil, pasión, baile, curas y fachas. Solo falta algún torero.









