viernes, 6 de noviembre de 2026

EL "RETROSCENA" DE EYES WIDE SHUT

Eyes Wide Shut, la última película de Stanley Kubrick, ha dado lugar a múltiples interpretaciones, como casi todas las obras del autor. La obsesiva meticulosidad del director ha hecho pensar que tras cada detalle hay algún símbolo o acertijo oculto. En los últimos tiempos, a raíz del caso Epstein, la película ha recibido de nuevo atención, sobre todo en redes, con un exceso de sobreinterpretación, a mi parecer. Pues, en verdad, la misa negra solo conforma la parte anecdótica de la trama. La última película de Kubrick trata en realidad sobre las inseguridades masculinas en el ámbito de la pareja, y también sobre el descaro y la doble moral con que se afrontan las crisis: si la mujer se contenta con fantasear con escenas de infidelidad y sexo, el hombre debe experimentarlas. La película es una adaptación bastante fiel, según dicen, de Relato soñado de Arthur Schnitzler (no la he leído), de manera que seguramente Kubrick no puso en la historia tanto de su propia cosecha como la gente cree. Con la escena de la misa negra quizá no quiso colocar una pista concreta sobre las élites norteamericanas, en la línea en que apuntan los archivos de Epstein, sino que más bien se divirtió proponiendo que las pomposas fiestas de cierta élite de basan en un satanismo decorativo, estando sobrecargadas de vouyerismo y relaciones sexuales que imitan escenas de películas porno.

Pero el objetivo de esta breve entrada no es dilucidar los significados ocultos de la película, sino mostrar algunos detallitos dispersos de los escenarios. Kubrick era bastante perezoso y no quería desplazarse a Nueva York, de manera que toda la ciudad está recreada en estudio. Ello le permitía controlar la realidad, mostrar lo que le apetecía. En ese sentido, es curioso fijarse en los rótulos de los negocios, o en los cuadros del fondo de algunos restaurantes y casas (algunas de las pinturas son obras de su esposa, Christiane Kubrick). También en lo que ven los personajes en la tele. A mi parecer, no todos estos detalles ocultaban en sí mensajes cifrados, muchos de ellos deben ser producto del simple azar. Veamos algunos de ellos. Aviso, de todas maneras, que ninguno de los pies de página es un descubrimiento mío, sino más bien cosas que se han ido viendo y diciendo de la película desde el momento de su estreno. 

En la escena de la sobredosis de la chica en la fiesta de los Ziegler, un cuadro de Christiane Kubrick duplica la imagen de la mujer desnuda inconsciente.  

Mientras Bill (Tom Cruise) está en el trabajo, Alice (Nicole Kidman) desayuna con su hija, que está atenta a unos dibujos animados de Bugs Bunny sobre la navidad. En realidad, Eyes Wide Shut es la contrapelícula navideña perfecta. 

Tras la noche pasada en casa de los Ziegler, Bill se relaja viendo fútbol americano, cerveza en mano (es médico de la clase alta, pero se puede permitir divertimentos sencillos, a lo Homer Simpson). Alice no comparte su entusiasmo: irá a buscar el bote de la marihuana. 


En el largo paseo nocturno de Bill por Nueva York, que algunos comparan con el del After Hours de Scorsese, unos jóvenes gamberros le empujan y le insultan, llamándole faggot. Más allá del posible cuestionamiento de su virilidad, el grupo de matones juveniles recuerda al de La naranja mecánica.

Mientras Bill está en casa de una prostituta, Alice mira la televisión. Un anuncio (¿quizá de cafés?) ambientado en la Plaza de San Marcos de Venecia. Posteriormente, para acceder a la fiesta de los ricachones Bill tendrá que ir ataviado con una máscara de reminiscencias carnavalescas vagamente venecianas. 

Bill entra en la tienda de Milich (Rade Šerbedžija, actor yugoslavo que steal the scene, como dicen los ingleses). La tienda se llama Rainbow Fashions. Previamente, en la fiesta de los Ziegler, unas chicas habían tentado a Cruise con ir allí donde termina el arcoíris. Tengo la intuición de que el nombre de la tienda también debe ser una broma personal de Kubrick, aludiendo al Mago de Oz, a la canción de Dorothy (Somewhere Over The Rainbow). En el interior de la tienda hay maniquíes ataviados al estilo dieciochesco, que remiten vagamente a los maniquíes de La naranja mecánica y al vestuario de Barry Lyndon. También se encuentra allí la hija de Milich, una joven Lolita a la que, al parecer, su padre prostituye. 

Alan Cumming es otro de los actores secundarios que logra captar la atención y robar la escena a Tom Cruise. 

Cuando Bill es perseguido por uno de los esbirros de los ricachones satánicos, dos rótulos captan la atención: Verona Restaurant y A Hit of Lace. Lencería y Verona, la ciudad del amor. 

En otro momento, durante la persecución, Bill se para ante un kiosko, para despistar, y compra una edición del New York Post en la que puede leerse un gran titular que dice Lucky To Be Alive. Como él. 

Finalmente, Bill encuentra refugio en una cafetería. Entre la decoración navideña, presente en todos los escenarios de la película, destaca el cuadro Astarté Siríaca del pintor prerrafaelita Dante Gabriel Rossetti. La pintura aparece rodeada de fotografías antiguas de mujeres. En esa especie de gineceo, Bill leerá en el periódico la noticia de la muerte de Mandy por sobredosis.  


 





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