lunes, 25 de agosto de 2025

TERENCE STAMP Y EL CINE ITALIANO

La semana pasada falleció el actor británico Terence Stamp, a la edad de 87 años. No fue un actor que se prodigara en exceso. Tan solo fue una cara que apareció de vez en cuando en el cine de los sesenta, en grandes películas del momento, y que luego pasó un periodo largo de relativo anonimato, con apariciones alimenticias en las películas de la saga de Superman, hasta volver de nuevo a mejores películas en los noventa, con Soderbergh y en Priscila, la reina del desierto, en esta como secundario. Pero no vengo a hablar de estas películas, sino de su colaboración con dos de los creadores más notables del cine italiano de los sesenta. Me interesa hablar del episodio Toby Dammit, de Federico Fellini, incluido en la película Historias Extraordinarias, y de Teorema, de Pier Paolo Pasolini, ambas de 1968.   

La primera, Toby Dammit de Fellini, forma parte de una película de episodios, formato típico de la época, dedicada en este caso a Edgar Allan Poe. Los otros dos capítulos, obra de Roger Vadim y Louis Malle, son un poco sin más. Mientras que estos dos episodios son adaptaciones más o menos fieles a Poe, Fellini hace lo que le viene en gana con el cuento a adaptar, consiguiendo una de sus películas más oscuras y divertidas, en la que bebe de las fuentes del incipiente giallo, para crear una pesadilla que encapsula todo su estilo. Es la primera colaboración en el guion con Bernardino Zapponi, después de haber roto con Flaiano, Pinelli y Rondi, sus colaboradores habituales, tras el relativo fracaso de Giulietta degli spiriti y el rodaje fallido de ll Viaggio di G. Mastorna. En ese sentido, es una película corta e intensa, realizada tras un breve periodo de enfermedad y depresión. Con ella, Fellini exorciza todos sus traumas previos, sin olvidarse de incluir muchos de sus temas habituales (la prensa, la autodestrucción, los personajes caricaturescos, la fiesta como espacio espectral, el mundo del cine, la mujer salvadora...). 

Los paparazzi.

La mujer salvadora, más espectral que en el cine anterior de Fellini.
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La niña diabólica. Su imagen fue tomada casi al pie de la letra de la niña de Operazione Paura de Mario Bava. 

La película se mueve en apenas cinco escenarios (el aeropuerto, el coche, el plató de televisión, la fiesta y la huida con el Ferrari). Durante la escena en el coche, de camino a los estudios de televisión, Fellini realiza ya una prueba de la futura secuencia de la autopista de Roma (Fellini era un maestro del autoplagio). A pesar del carácter abocetado, artesanal y conscientemente falso de estos decorados, la película consigue sus objetivos. Stamp realiza una interpretación bastante carismática, poniendo muchas caras, a lo que contribuye un maquillaje exagerado, que dota a su rostro de la textura externa de un payaso o un cadáver. Como dijo Stamp en varias entrevistas, Fellini le dio unas indicaciones muy generales para interpretar el papel de ese actor acabado. Imitando el acento del director, Stamp comentaba en varias entrevistas que Fellini le dijo que su personaje se presentaba por primera vez ante el espectador como si hubiese pasado la noche anterior en una fiesta, en una orgía más bien, bebiendo sin parar, fumando hachís, esnifando cocaína, follando a diestro y siniestro, incluso siendo follado por un negro enorme, y, posteriormente, poco antes de montar en el aeropuerto con destino a Roma, alguien le hubiese metido un ácido en la boca. Según Stamp, la relación con Fellini fue en todo momento muy cercana, encaprichándose el director con él y con su cara. Donald Sutherland se expresaría de forma parecida después de trabajar con Fellini en Il Casanova. 



Imágenes de la autodestrucción del personaje interpretado por Terence Stamp.


La segunda película, Teorema, es quizá la cima estética y narrativa del cine de Pasolini. La película se presenta al espectador con la rigidez y la frontalidad de una pintura religiosa tardomedieval. Según las palabras de Stamp, el trato con Pasolini fue mucho más distante que con Fellini. Además, se sintió estafado, al no recibir su parte por su interpretación en el film. Siguiendo las declaraciones del actor, una de las motivaciones principales para participar en el film (y recordarlo) había sido compartir rodaje con Silvana Mangano. 

Stamp interpreta un personaje que apenas habla, un personaje cuya presencia, y el efecto que esta provoca, son más importantes que las palabras. Su personaje es una especie de ser medio divino, una divinidad antigua o un ángel llegado del cielo bajo la apariencia de un joven moderno, vestido a la moda de la época, como un joven normal y corriente. Nada en su apariencia o incluso en su actitud evidencia esa naturaleza divina. Sin previo aviso, este personaje visita a una familia burguesa de Milán, casi podría decirse que cae directamente del cielo en aquella casa de ricos industriales, y todos acaban enamorándose de él: el hijo, la hija, el padre y la madre. Ese extraño amor les hace perder la ruta que tenían marcada, la ruta de la educación, el éxito económico o la vida familiar, desatando sus impulsos más individualistas, más narcisistas, ya sea el intelectualismo, la ninfomanía o la caridad. Todos caen en alguna neurosis. Tan solo la criada, más cercana a una concepción misteriosa y sacra del mundo, capta y acepta la naturaleza divina del enviado, convirtiéndose ella también en vehículo del milagro. 





Quizá la cima estilística del cine de Pasolini. 



Teorema es una película hermosa y misteriosa, con un punto simbólico extraño y único, no compartido con otras cintas, al mezclar el discurso social marxista, la reivindicación de lo sacro y las pulsiones homoeróticas, en una obra claramente profana y de vocación blasfema. 





martes, 24 de junio de 2025

SIRÂT. TRANCE EN EL DESIERTO (O. LAXE, 2025)

Ayer volví al cine, después de meses sin pisar uno, para ver una de las sensaciones del año: Sirat. Trance en el desierto, de Óliver Laxe. El cine estaba prácticamente vacío y casi muero de congelación allí dentro. Además, mis impresiones iniciales no comparten el entusiasmo casi unánime que ha suscitado esta película entre la crítica. 

Ya en los títulos iniciales se aprecia que la película cuenta con un respaldo fuerte: Movistar+ y El Deseo. ¿Habrán comprado voluntades? Llama la atención que incluso Boyero se haya rendido al embrujo de la película, un crítico al que siempre hay que tener en contra si tu película es realmente interesante. Por otra parte, la película ha sido premiada en Cannes.  

El inicio promete.


La sinopsis: un padre (Sergi López) y su hijo (Bruno Núñez) buscan en una rave perdida en el sur de Marruecos a su hija y hermana, desaparecida desde hace cinco meses. Allí conocen a un grupo de raveros, que les dicen que ella puede encontrarse en otra fiesta, que se desarrolla todavía más al sur. El padre y su hijo deciden seguir a estos raveros, superando duros obstáculos a través del desierto, en busca de esa misteriosa fiesta en el sur, ya en pleno desierto.   


Los personajes principales.


La verdad es que el inicio de la película me resultó interesante. Una rave en el desierto (que en realidad es Teruel), con la presentación de los personajes al ritmo de la música electrónica; un inicio hipnótico en el que, en pocos minutos, se cuenta la situación inicial. Toda la primera parte mantiene el interés, primando el misterio y la emoción previa al arranque de una aventura que se sabe que va a ser trasformadora. 


(spoilers)


Después, toda la sección de la ruta a través del desierto, vadeando ríos, sufriendo tormentas de arena e incluso ascendiendo un temible y angosto puerto de montaña, recordaba a las peripecias al límite de Sorcerer de William Friedkin, y su precedente obvio, El salario del miedo, de Henri-Georges Clouzot. Esta parte tiene su interés estético, con esos camiones con los faros encendidos en la noche, iluminando el desierto. Lamentablemente, en estas escenas de gran intensidad se cuela un gazapo horrible, un parachoques que desaparece y reaparece, para volver a desaparecer y volver a aparecer, un fallo de raccord flagrante. También se tiene la impresión de que se ha rodado en cuatro sitios contados del desierto. 


La referencia a Sorcerer es innegable. También como viaje al infierno.


Llegado a un determinado punto, Laxe decide dar por terminado su particular París-Dakar, y mata al niño. Su muerte se ve venir, preparando al espectador para el mazazo, un poco al modo de Hitchcock. De golpe la película cambia, pero aun es presentable: el padre no solo está en búsqueda de una hija perdida, sino que ha perdido, ahora sí de forma irremediable, a su hijo. La película tiene algo de culto a la muerte, muy gallego. 

Finalmente llega el despropósito final. La película adquiere el tono de un slasher de los malos y los personajes van desapareciendo, uno a uno, en un campo minado. No hay un asesino, sino que es el propio dispositivo de la película el que va eliminando, uno a uno, a los personajes. Lo que parecía un viaje de peyote se convierte en un vuelo por los aires, con algo de ridículo. "¡Haz que todo pete!", grita una de las protagonistas, y de pronto sale volando por los aires: todo tiene el tono de una broma bastante mala al llegar a ese punto. 


El mal viaje. Yo esperaba algo de Jodorowsky, pero llegó un slasher. 


Después de toda una parte de tensión, que se hace bastante larga, en la que Laxe juega con las expectativas del espectador de la forma más zafia posible, llega una especie de milagro. Un puente hacia la salvación. La escena final, con los personajes montados en un tren, rodeados de gente, perdiéndose en el interior de África (o quizá volviendo hacia el norte), tiene un aire a El cielo protector de Bertolucci, y el viaje al interior África entendido como pérdida de la propia identidad y abandono del mundo. Aquí sin Sakamoto, pero con música electrónica. Es un final bello, más interesante que toda la sección de las bombas, pero que, en definitiva, no deja de ser una romantización europea de lo africano, entendida como lo otro, lo mágico, lo desconocido. 

El preludio de una III Guerra Mundial. Por si no bastara ya con twitter y el imbécil de Trump.


En fin, mi impresión de toda esta película es que se trata de un suflé un poco hinchado. He leído alguna crítica que la vincula con Caótica Ana, de Julio Medem, y no les falta razón: es una película en la que el director da la impresión de no saber muy bien cómo acabarla o cuándo decir basta. Quizá la de Medem era bastante peor, esta se salva un poco por la estética, sacada de sus referentes. Esta película entra además en cierta línea actual del cine francés, que busca agredir al espectador con algo de crueldad gratuita, colocándolo en una situación incómoda, a medio camino entre el disgusto, el asco, la vergüenza ajena y el disfrute morboso, en la línea de Noé, Ducournau y demás, aunque buscando un poco menos la rareza y los márgenes, y quizá algo más la elegancia. 

Laxe otorga a la música electrónica, a ese temblor de la tierra, cierto aire místico. Casi lo único salvable de la película. 

Hablando a título personal, lamentablemente no encuentro últimamente películas que me emocionen o me digan cosas, muy pocas en verdad; es como si el cine de golpe se hubiera agotado o mi relación con el cine se hubiera secado. Cuantas más películas veo, menos me gustan las actuales, más tardo en digerirlas, más encuentro sus costuras o sus referencias. Me estaré haciendo viejo. Solo espero no convertirme en un Boyero. 


Las referencias (o películas que me han venido a la cabeza al ver Sirât)


Sorcerer (William Friedkin, 1977)

Sorcerer (William Friedkin, 1977)

Stalker (Andrei Tarkovsky 1979)

La cicatriz interior (Philippe Garrel, 1972)

El cielo protector (Bernardo Bertolucci, 1990)

El reportero (Michelangelo Antonioni, 1975)

Beau travail (Claire Denis, 1999)

El topo (Alejandro Jodorowsky, 1970)

París, Texas (Wim Wenders, 1984)

El salario del miedo (Georges-Henri Clouzot, 1953)



sábado, 21 de junio de 2025

CORTES DE PELO. BARBERÍAS. PELUQUERÍAS.


Afterhours (Martin Scorsese, 1984).
La noche de la cresta. Si no llevas el peinado punk por excelencia, acabarás con él, quieras o no. 

La chaqueta metálica (Stanley Kubrick, 1987).
Un buen corte de pelo es el primer paso despersonalizador para entrar en el ejército. 


El hombre que nunca estuvo allí (Hnos. Coen, 2001).
Lo único que recuerdo de esta película es que estaba ambientada en una barbería. 



Shoah (Claude Lanzmann, 1985).
Cuando el trabajo se convierte en una condena. 


Gran Torino (Clint Eastwood, 2008).
En la ética de <<hombre chapado a la antigua>> de las películas de Eastwood, pasar por la barbería es un ritual ineludible. 

Los intocables de Eliot Ness (Brian De Palma, 1987).
No recordaba esta escena hasta que la he encontrado por azar, pero es un muy pintona, con este plano cenital. 

Dos tontos muy tontos (Peter Farrelly, 1994).
El peinado de orinal.

Muerte en Venecia (Luchino Visconti, 1972).
El barbero es el brujo que engaña a la muerte con un poco de maquillaje, hasta convertir al personaje principal en una especie de payaso blanco. 

Barry Lyndon (Stanley Kubrick, 1975)
El aseo matutino. 



domingo, 25 de mayo de 2025

¿QUÉ HORA ES?

 

Las 0:00. Parado desde la guerra del Vietnam.
Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1994)

La 01:39. Tiempo de resucitar.
Ordet (Carl Theodor Dreyer, 1954)

Las 02:00. Los rodajes se alargan demasiado.
8 y1/2 (Federico Fellini, 1963)

Las 06:00. Hora en la que los vampiros se van a la cama.
Nosferatu (F. W. Murnau, 1922)

Las 16:29. Da igual la hora, siempre es tiempo de dormir.
My Own Private Idaho (Gus Van Sant, 1991)

¿Cuál prefieres? Bueno, bonito, barato.
El tercer hombre (Carol Reed, 1947)

Las 17:59. La hora de la religión.
Narciso negro (Michael Powell y Emeric Pressburger, 1947)

02:15. La noche acaba de comenzar.
After hours (Martin Scorsese, 1985)

21:39. La hora del asesino. 
Zodiac (David Fincher, 2007)

Parado a las 12:00.
Picnic en Hanging Rock (Peter Weir, 1975)