lunes, 9 de octubre de 2023

ALGUNAS PELÍCULAS VISTAS EN EL CINE: MORETTI, ERICE, KOREEDA

Llevaba casi un año entero quejándome, de forma un tanto rancia y perezosa, al estilo de Boyero, de no encontrar películas de mi agrado en el cine. Pero ahora se han estrenado, de un plumazo, tres películas seguidas de maestros consagrados y en parte admirados (un poco menos Koreeda, del que apenas he visto dos películas más). En realidad las pocas películas que suelo ver en el cine me acaban gustando: es lo que tiene el magnetismo de la pantalla grande. De hecho, de las vistas desde septiembre de 2021 solo unas pocas se me han hecho bola (The French dispatch de Wes Anderson y Decision to leave de Park Chan Wok, en exceso manieristas, y también Tre piani de Moretti). Han sido más los arrepentimientos; películas que dejé pasar, como Druk o la reciente Le otto montagne, y que luego he tenido que conformarme con apreciar en la tele. Y como dice Erice, una buena película demanda la sala de cine, y no la pantalla de televisión. Una buena película pide a gritos su exhibición pública: en dos de los tres casos que ahora comentaré, hubo aplausos, quizá también un poco motivados por el fenómeno fan.

Aviso, para que no haya desilusiones ni cabreos, que mis comentarios contienen varios spoilers. Así que, si te interesa lo que he dicho sobre El sol del futuro, Cerrar los ojos y Monstruo, ¡primero ve a verlas, que todavía están en el cine!

Las sinopsis están sacadas tal cual de la página de filmaffinity (la pereza...), a la que pido perdón por el descarado copia-y-pega. 

Il sol dell'avvenire (El sol del futuro, Nanni Moretti)

Sinopsis: Giovanni (Nanni Moretti), un conocido cineasta italiano, se prepara para rodar una nueva película. Pero entre su pareja en crisis, su productor francés al borde de la quiebra y su hija que no le hace caso, ¡todo se ha puesto en su contra! Siempre en el límite, Giovanni va a tener que replantearse su forma de hacer las cosas, si quiere conducir a todo su pequeño mundo a un futuro brillante. 

Después del punto bajo que significó Tre piani en la filmografía de Moretti, o cuanto menos en mi relación con su cine, agradezco que en esta película haya decidido volver a su vertiente más autoficcional y episódica, aquella que le abrió al gran público europeo en los noventa. De entrada se le presumía un poco más cascado para sus bromas de amargado cascarrabias. ¿Ver de nuevo a un tipo de setenta años hacer las mismas bromas y comentarios jocosos que hacía cuando tenía treinta, ya fuera sobre le pantofole o sobre las películas de los demás? Podría parecer demasiado, pero contra todo pronóstico todavía se le ha visto en forma en algunas escenas, de una frescura y actualidad sorprendentes (como su mordaz escena sobre Netflix). La parte central del film, ese film dentro del film que nuevamente vuelve a dar vueltas entorno a la historia del partido comunista italiano, no me dijo mucho, la verdad; encontré más emoción en otras escenas, sobre todo en aquellas que ponen en relación su historia personal, revisitada, y la música italiana. O su brillante digresión sobre la violencia en el cine, larga y magistral, con cita a Kieslowski de por medio, en la que Moretti manifiesta una toma de posición humanista en el cine. Podría decir que estas escenas, sobre todo la que se desarrolla en el cine con Lontano, lontano  de Luigi Tenco en el audio y La dolce vita en la pantalla, figuran entre lo mejor de su cine, aunando melancolía y aceptación del paso del tiempo. En fin, se trata de una película desigual, como sus grandes obras, construida a modo de amalgama de viñetas dispersas con las que roza, de tanto en tanto, altas cimas. Como admirador de su cine hasta el punto de haber visto TODAS sus películas, la parata finale, tan a modo de 8 y 1/2, me conmovió, por lo que supone de despedida y de homenaje a sus actores y actrices. 



Cerrar los ojos (Víctor Erice)

Sinopsis: Un célebre actor español, Julio Arenas, desaparece durante el rodaje de una película. Aunque nunca se llega a encontrar su cadáver, la policía concluye que ha sufrido un accidente al borde del mar. Muchos años después, esta suerte de misterio vuelve a la actualidad a raíz de un programa de televisión que pretende evocar la figura del actor, ofreciendo como primicia imágenes de las últimas escenas en que participó, rodadas por el que fue su íntimo amigo, el director Miguel Garay. 

La vuelta al cine de Erice tenía algo de acontecimiento ineludible, de cita íntima que no se podía dejar pasar y la película ha estado a la altura de las expectativas. Quizá alguien se haya sorprendido al encontrar a un Erice más proclive a la exposición verbal que a la imagen simbólica, pero otros directores también han recorrido ese camino (Bilge Ceylan, por ejemplo). Y también es ciertamente bello encontrar una película en la que las palabras se recitan con una cadencia tan suave, como si los silencios que las separan tuviesen auténtico peso. Sin embargo, la parte final, la catarsis esperada en la sala de cine, no me acabó de conmover, quizá porque las imágenes filmadas y proyectadas de esa película dentro de la película me resultaron demasiado acartonadas y sobrexpuestas. Comprendí lo que tenían de autohomenaje a películas propias inconclusas, pero me resultaron un tanto vacías. Aun así, es una especie de Cinema Paradiso, pero en bien. En cambio, hubo otros momentos en los que sí me sentí completamente inmerso en la trama; momentos que, por lo que he leído, a muchos les han resultado los más planos y menos estimables. Me dejé llevar con gusto por la querencia de Erice por las cajas de recuerdos, con esas escenas de visita al trastero en el que se amontonan olvidados los objetos de una vida: esas escenas me llegaron hondo, porque aludieron a mi vertiente acumuladora de trastos y amante de los recuerdos. También me gustó la idea del viaje al sur, y no solo por lo que tiene de homenaje a su media película no realizada. Fue un momento luminoso que me sorprendió (¿y qué hay más bello que ser sorprendido?). Me gustó esa Almería en la que alterego de Erice se refugia, esa trastienda alejada del mundo: me pareció una muy hermosa forma de vida, con mucho de apartarse del ruido, buscando la sencillez y el contacto directo con las cosas. También latía en esas escenas una referencia a la propia búsqueda de anonimato y silencio por parte de Erice, a su propia desaparición, en busca de una originalidad perdida, expresada en ese momento mágico en el que se canta la canción de Río Bravo en ese camping/campamento improvisado. Y lo que también me atrapó fueron las interpretaciones, en especial las de Manolo Solo y de José Coronado: nunca hubiese dicho que estos actores acabarían sumergiéndome en una película tan profunda y densa, y a la par tan superficial y humilde, en el buen sentido de las palabras. 



Kaibutsu (Monstruo, Koreeda Hirokazu)

Sinopsis: Cuando su joven hijo Minato empieza a comportarse de forma extraña, su madre siente que algo va mal. Al descubrir que el responsable de todo ello es un profesor, irrumpe en la escuela exigiendo saber qué está pasando. Pero a medida que la historia se desarrolla a través de los ojos de la madre, el profesor y el niño, la verdad va saliendo a la luz, poco a poco...

He salido algo noqueado de la visión de esta película, con un poso de amargura y esperanza a partes iguales, aunque más de lo segundo. Algunos la han calificado de tramposa, al jugar mucho con el guion y sus elipsis, sobre todo en sus dos primeras partes, en las que se hurta información al espectador, quizá con la intención de confundirlo. Pero hay que decir que esas lagunas de las dos primeras partes en realidad reflejan muy bien las dificultades de comprensión que muchas veces padecen los adultos al querer descubrir los problemas de los niños. Inciden de forma notable en la percepción parcial y muchas veces prejuiciosa de los problemas ajenos, condicionada por apriorismos y rumores. E igualmente, esos atajos son aceptados (yo los acepto de buen grado) si luego me regalan como espectador una parte final tan luminosa, tan humana, tan excelsa, una parte que te lleva a lugares tan elevados y hermosos, y que está dominada por la esperanza y el BIEN a pesar del presumible trágico final. Es verdad que la película juega con las percepciones del espectador, llegando en un punto a asemejarse a Jagten y en otro, el final, a Close;  pero su último tramo, también centrado en una amistad e incipiente amor entre dos niños, está tratado con más empatía y tacto hacia el espectador, e incluso con algo más de fantasía, que en la película de Lukas Dhont. (Tengo que reconocer que la película de Dhont me causó una pesadilla terrible después de verla y por ello le guardo un poco de rencor). Me alegra haber encontrado una película así en el cine japonés, que ponga bajo la luz tantos problemas soterrados y actuales (los rumores, el bullying, la homofobia, el maltrato en el seno familiar), además con tanta delicadeza e incluso pudor. En ese sentido, le permito a la película que me mangonee, que haga conmigo lo que quiera, incluso con una música en algunos puntos en exceso sentimental (aun estando firmada por el genial Ryuchi Sakamoto, recientemente fallecido).   



miércoles, 2 de agosto de 2023

ALGUNAS PELÍCULAS VISTAS DURANTE ESTE VERANO (NO DE ESTRENO)

Voy al cine menos de lo que me gustaría, por pereza y por prejuicios bastante asentados hacia cierto tipo de películas. De momento he logrado mantenerme al margen del debate Barbie vs Oppenheimer que monopoliza las redes: en estas alturas del año lo que menos me apetece es tomar partido por películas que de entrada no me interesan en exceso. Seguramente en algún momento acabaré viéndolas, pero prefiero que pase un poco el hype, a ver cómo aguantan el paso de los años (al menos, de uno o dos años). En realidad vi el trailer de Oppenheimer en la última ocasión que fui al cine (a ver la estupenda El maestro jardinero, de Paul Schrader) y podría decir qué va a pasar en cada momento, sin necesidad de verla. Es algo que me molesta en general de los trailers, pero que también se agradece en algunos casos, como este en cuestión, puesto que me ayuda a saber qué películas no es necesario ver. En este caso, como decía, se ve venir a una legua lo que va a suceder: una misión épica, a la par que controvertida, en la que tras muchos problemas y obstáculos, algunos de ellos de índole moral, acaba imponiéndose la visión de un individuo único, un tipo con luces y sombras pero también con una anhelo de justicia un tanto asperger: en fin, la típica bazofia americana (aun siendo Nolan británico). Así que prefiero hablar de las películas que he visto en mi casa, en pijama y en mi sofá, en Filmin todas ellas. Lejos de mi interés hacer publicidad gratuita, pero es que a fin de cuentas es la única plataforma salvable.


Blue Collar (Paul Schrader, 1978)

Sinopsis (fusilada de Filmaffinity): Tres obreros de la industria del automóvil deciden atracar la sede de su sindicato. Pero en la caja fuerte, en lugar de dinero, encuentran documentos comprometedores para la organización, que no dudará en usar todo su poder para recuperarlos.

Intérpretes principales: Richard Pryor, Harvey Keitel, Yaphet Kotto. 

No esperaba encontrar en el cine norteamericano una película que hablase con tanta implicación de los problemas laborales y de la lucha de clases. Bajo la apariencia de película de costumbres, en la que tres compañeros de trabajo se marchan al bar a tomar unas cervezas después de su jornada en la fábrica y planean un golpe para salir del atolladero, se esconde una película con discurso: el sistema, para perpetuarse, enfrenta a unos trabajadores contra otros. Es bastante evidente el discurso, al igual que imperecedero. Al mismo tiempo, vista con los ojos de hoy es un retrato de una época pasada, la del auge de la industria del automóvil en Detroit, aunque más bien sería el principio de su decadencia. Schrader no solo incide en las penurias económicas de los trabajadores, sino también en las corruptelas del sindicalismo norteamericano. A ello se añade la problemática racial de los Estados Unidos, también reflejada en la cinta. Lo mejor: la manera en la que Schrader se detiene en la cadena de montaje, mostrando el trabajo pero también las tensiones, favores, recelos y colaboraciones entre los compañeros. Sin embargo, algunas escenas tienen el tono de comedia entre amigotes, algo que me repatea bastante, pero que puedo pasar por alto en esta ocasión.

 



China Girl (Abel Ferrara, 1987)

Sinopsis (fusilada de nuevo de Filmaffinity): "China Girl" es una actualización de la clásica historia de "Romeo y Julieta".Ambientada en el Manhattan de los años 80, la trama gira alrededor de la historia de amor entre Tony, un adolescente italiano de Little Italy, y Tye, una joven de Chinatown, mientras sus hermanos mayores, que forman parte de bandas de delincuentes juveniles, se enzarzan en una lucha por el poder de las calles. De todas sus películas, el director Abel Ferrara ha declarado que su favorita es "China Girl".

Intérpretes principales: Sari Chang, Richard Panebianco, James Russo, David Caruso, Russel Wong, Joey Chin. 

No está nada mal esta película de Abel Ferrara, una actualización de Romeo y Julieta entre un chico de Little Italy y una chica de Chinatown. Más bien es una fusión de Mean Streets y West Side Story (sin bailecitos, pero sí con una violencia un tanto coreografiada). También parece ser una respuesta a la racista y machista The Year of the dragon de Michael Cimino, estrenada dos años antes. Bajo mi punto de vista, lo más interesante es la manera en la que Ferrara muestra la geografía de los barrios, con planos que inciden una y otra vez en las calles que sirven a modo de límite entre ambas comunidades. En cuanto a los personajes, más que la pareja de amantes, un tanto sosos, interesa más el conflicto generacional entre los mafiosos viejos, que intentan mantener el orden para no llamar la atención de la policía, y los jóvenes, que buscan pelea y quieren marcar territorio. En ese sentido, el principal protagonismo se lo llevan los personajes más en el límite, el racista italoamericano interpretado por David Caruso y el pendenciero chinoamericano interpretado por Joey Chin, interesado en mantener a su comunidad de pequeños rateros. Lo más olvidable de la película, más allá de alguna cursilada, es algún videoclip metido con calzador y el tono gore de algunas contadas escenas. 

 



Kung-Fu Master (Agnès Varda, 1988)

Sinopsis (again Filmaffinity): Mary-Jane es una mujer divorciada que tiene dos hijas. En la fiesta de cumpleaños de la mayor conoce a Julien, un chico de catorce años, compañero de clase de su hija. 

Intérpretes principales: Jane Birkin, Mathieu Demy, Charlotte Gainsbourg.

Era un poco reticente a adentrarme en las películas de Agnès Varda, de modo que el reciente fallecimiento de Jane Birkin ha funcionado a modo de excusa para empezar a ver cosas de esta directoria. Como en otras ocasiones, sin que alguien hablase de la película en twitter no se me habría pasado por la cabeza verla (también ocurrió así con Blue Collar). No me arrepiento de haberlo hecho, ni mucho menos. El estilo de Varda me ha parecido más humilde que el de otros cineastas de la Nouvelle Vague. Coloca también los sentimientos en el centro, como sus compañeros masculinos, con gran sutileza y elegancia a pesar del tema escabroso, que no es otro que una relación sentimental entre una mujer madura y divorciada con un amigo de su hija, menor de edad (interpretado por el propio hijo de Varda). Todo ello tiene un punto retorcido, tanto en la historia como en su puesta en práctica (la amiga de Varda seduciendo a su propio hijo) que, sin embargo, es tratado con mucha naturalidad y empatía. Su enfoque también tiene ese punto de abstracción intelectual común al de otros cineastas coetáneos, pero en el caso de Varda está alejado de egocentrismos, un defecto en el que solían caer algunos de sus compañeros de generación, obsesionados con la autobiografía (y con lo que ello tiene de comparar un poco quién la tiene más larga). Valoro de la película su capacidad para crear planos subyugantes (unos pies, la visión de la casa de Birkin desde el exterior, viéndola hablar por teléfono detrás de la ventana, unas macetas, la playa) y su capacidad para conjugar la modernidad de entonces (los videojuegos, el SIDA) en su historia, con gran naturalidad y simpleza. Vamos, una joya. 

 



King of New York (Abel Ferrara, 1990)

Sinopsis (cómo no, la misma fuente anterior): Violento film de gángsters que relata los intentos de un traficante de drogas por recuperar su "territorio" perdido mientras cumplía prisión. En Nueva York el crimen se hace a la manera de Frank o no se hace. Recién salido de la prisión, Frank White se reúne con su antigua banda para retomar su posición como "señor de la droga" de la ciudad. Se enfrentarán en sangrientas batallas al resto de capos de la ciudad y lucharán por estar en la cima. Incapaces de volver a poner a Frank entre rejas, la policía también les declara la guerra...

Intérpretes principales: Christopher Walken, Victor Argo, Laurence Fishburne, David Caruso, Wesley Snipes, Joey Chin.

Otra de Ferrara, y de nuevo de mafiosos. En este caso es una locura infladísima y exagerada, que supera con creces a las películas de Scorsese, el especialista en la materia. Ferrara no pretende hacer un retrato realista (ni siquiera pseudorealista como los de Scorsese) del mundo de la mafia, simplemente su película va siguiendo la peripecia de un personaje impenetrable, vacío, casi hueco, pero también impredecible y sin escrúpulos: un narcotraficante recién salido de la cárcel que mantiene suficientes contactos y negocios en la sombra como para volverse a colocar en la cima de la pirámide de una estructura mafiosa que le había estado esperando en su ausencia. Los intentos del personaje de Christopher Walken de pasar al terreno de la política parecen una premonición de Donald Trump, por su populismo y su afán justificatorio. Llama la atención la fijación con la que el personaje de Walken observa el skyline nocturno de Nueva York, atraído por este como un vampiro lo sería por una fuerza maléfica. La película intenta romper con los clichés del género para abrirse a un campo más libre y artístico, contradictorio y rompedor, como muestra el carácter afroamericano de la banda de White y las atractivas mujeres guardaespaldas (que no son objetos sexuales). Aun así, recurre a la típica estructura de polis contra malos, con tiroteos y persecuciones, algunas un tanto risibles. Pero el final está muy bien y lo caricaturesco de la película no le resta efectividad. No está a la altura de Bad Lieutenant (una de mis películas favoritas de todos los tiempos), tampoco de Tommaso, pero casi.  

 



Dolls (Takeshi Kitano, 2002)

Sinopsis (no hace falta que lo diga, ¿no?): Tres historias de amor y dolor: Sawako y Matsumoto eran una pareja feliz, pero las presiones de sus entrometidos padres les obligarán a tomar una decisión vital. Hiro es un anciano jefe de la yakuza (mafia japonesa). Treinta años antes, cuando era un pobre trabajador de una fábrica, abandonó a su amada novia para cumplir sus sueños de prosperidad. Ahora vuelve al parque donde ambos se encontraban. Haruna se pasa parte del tiempo mirando al mar, su bello rostro está ahora cubierto de vendas. No hacía mucho tiempo, ella era una cantante de pop de éxito que vivía entre shows de televisión y sesiones de autógrafos. 

Intérpretes principales: Miho Kanno, Hidetoshi Nishijima, Tatsuya Mihasi, Chieko Matsubara, Kyoko Fukada, Tsutomu Tageshige.

En realidad estoy haciendo un poco de trampa al incluir esta película: no es la primera vez que la veo. La vi hace casi veinte años, de modo que la experiencia ha sido como verla otra vez de nuevo. Me ha sorprendido recordarla tanto. Es una película que recurre al esquema de las historias entrecruzadas, tan explotado a principios de siglo. ¿Cuántas películas se hicieron entonces con esa misma estructura? Pero en realidad Kitano no las entrecruza completamente. No hace un Pulp Fiction. Ni siquiera intenta hacer una película coral. Simplemente cuenta tres historias, cada una a su ritmo, y con interés desigual (en especial me gusta la del fan un poco creepy de la cantante pop). Kitano se adentra con más seriedad de la habitual en el tema del amor y del destino, trágico en algunas ocasiones, de supervivencia en otros. Sus excentricidades están reducidas al mínimo (aunque aparecen, y se agradecen). Es interesante que Kitano se aleje aquí del personaje del yakuza cascarrabias que tantas veces aparece en su filmografía, interpretado por él mismo. Hay un yakuza, sí, pero aquí parece un afable jubilado. A su manera es una película humilde y notable, que puede hacerse un poco larga por su ritmo contemplativo, muy japonés. Kitano, que iba para pintor antes de convertirse en cómico (o eso dice él), se esfuerza notablemente para crear imágenes sutiles y muy construidas. Quizá ese esfuerzo consciente por hacer una obra poética le resta naturalidad: la que sí tienen Escena frente al mar o El verano de Kikujiro (mi preferida de Kitano). Aun así, la imagen de los amantes unidos por una cuerda, atravesando jardines con cerezos en flor, bosques, ríos o paisajes nevados (a modo de resumen paisajístico de Japón) es de las que se quedan en la memoria. He vuelto a revivir al verla emociones de hace veinte años, cuando era más joven y, por qué no confesarlo, quería dedicarme al cine, o al menos a contar historias. Me ha gustado tanto como la primera vez que la vi; la había olvidado injustamente. 

 


Memories of murder (Bong-Joon Ho, 2003)

Sinopsis (ya, ya me callo): Corea del Sur, 1986. Una joven aparece brutalmente violada y asesinada. Dos meses después, se producen una serie de violaciones y asesinatos en circunstancias similares. Para buscar al asesino, se organiza un destacamento especial, encabezado por un detective de la policía local (Park Doo-man) y un detective de la policía de Seúl (Seo Tae-yoon), que ha solicitado ser asignado al caso. 

Intérpretes principales: Song Kang-ho, Kim Sang-Kyung, Kim Roe-ha, Park Hae-il, Jeon Mi-Seon.

Segunda película del director de Parásitos que veo. No las tenía todas conmigo, ya que tampoco es un director que me atrajese especialmente (de hecho, no la vi del tirón). Me gustó Parásitos, me pareció una película ingeniosa y con una resolución interesante, pero tampoco me obsesionó, como parece que fue la nota predominante en 2019. Esta, por tanto, la veía con cierto recelo, un poco de soslayo, esperándome lo peor. Pero he de confesar que, salvando algún detalle morbosillo y alguna que otra pelea innecesaria, en conjunto es una buena película, que equilibra bastante bien su dosis de comicidad y la de suspense. Es la típica película de investigaciones de asesinatos, pero los policías tienen un estilo chapucero e improvisado que hace a la película creíble (más allá de alguna exageración caricaturesca, como la tendencia de los policías a maltratar a los sospechosos de forma poco ortodoxa para que confiesen, cosa que no me ha hecho excesiva gracia). Pero a ese equilibrio entre comedia y thriller se añade incluso alguna nota de terror auténtico (hay una escena difícil de olvidar en ese sentido). Anticipa además una tendencia, que luego se convertiría en moda debido a su repetición hasta la saciedad: utilizar un color más apagado para las escenas del pasado, y más brillante y luminoso para el presente. Toda la parte final de la película está muy bien, se acumula la tensión y permite que la película adquiera cierta grandeza.


 

sábado, 29 de julio de 2023

INTERIOR VACÍO

 

El círculo rojo (Jean-Pierre Melville, 1970)

París, Texas (Wim Wenders, 1984)

El espejo (Andrei Tarkovsky, 1974)

El extraño caso de Angélica (Manoel de Oliveira, 2010)

Le Havre (Aki Kaurismäki, 2011)

Jeanne Dielman, 23 quai de commerce, 1080, Bruxelles (Chantal Akerman, 1975)

High-Rise (Bean Wheatley, 2015)

Seis mujeres para el asesino (Mario Bava, 1964)

El espíritu de la colmena (Víctor Erice, 1973)


Buenos días (Yasujiro Ozu, 1959)

Mi vecino Totoro (Hayao Miyazaki, 1988)

Trainspotting (Danny Boyle, 1996)

Call me by your name (Luca Guadagnino, 2017)

Tokyo Sonata (Kiyoshi Kurosawa, 2008)

Perfect days (Wim Wenders, 2023)


License to live (Kiyoshi Kurosawa, 1999)


Terrorizers (Edward Yang, 1986)

Salò o las 120 jornadas de Sodoma (Pier Paolo Pasolini, 1975)

La naranja mecánica (Stanley Kubrick, 1971)

viernes, 28 de julio de 2023

ESPEJOS RETROVISORES

Ida (Pawel Pawlikowski, 2013)

Le diable, probablement (Robert Bresson, 1977)

Drive my car (Ryusuke Hamaguchi, 2021)

Close-up (Abbas Kiarostami, 1990)

Taxi driver (Martin Scorsese, 1976)

 
Hana-bi Flores de fuego (Takeshi Kitano, 1997)

Perfect days (Wim Wenders, 2023)

La sustancia (Coralie Fargeat, 2024)

París, Texas (Wim Wenders, 1984)

SALAS DE CINE

En la casa (François Ozon, 2012)

Verano del 85 (François Ozon, 2020)

È stata la mano di Dio (Paolo Sorrentino, 2021)

Caro diario (Nanni Moretti, 1994)

El espíritu de la colmena (Víctor Erice, 1973)

Holy Motors (Léox Carax, 2011)

Le locataire (Roman Polanski, 1976)

Once upon a time in Hollywood (Quentin Tarantino, 2019)

Pierrot le fou (Jean-Luc Godard, 1965)

Roma (Federico Fellini, 1972)

Dreamers (Bernardo Bertolucci, 2003)

Taxi driver (Martin Scorsese, 1976)

Mean Streets (Martin Scorsese, 1973)

The Last Emperor (Bernardo Bertolucci, 1988)

 

The King of New York (Abel Ferrara, 1990)

Cerrar los ojos (Víctor Erice, 2023)

Tropical Malady (Apichatpong Weerasethakul, 2004)

Queer (Luca Guadagnino, 2024)

A brighter summer day (Edward Yang, 1991)