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domingo, 29 de abril de 2012

RAREZAS (VI): ÚLTIMAS PALABRAS (LETZTE WORTE)

A veces puede resultar que no sólo una obra, sino el conjunto íntegro de una trayectoria cinematográfica puede considerarse una rareza. El caso que nos ocupa es ejemplar: Werner Herzog, aun siendo catalogado en su momento como uno de los principales representantes del llamado nuevo cine alemán, ha realizado a lo largo de las últimas décadas un cine único, personalísimo, desconcertante y también irregular. A modo de matización, cabría decir que tal nuevo cine alemán, como todos los nuevos cines que surgieron en los años sesenta, partía de un deseo común de ruptura frente al cine establecido (entiéndase cine clásico), no siendo por tanto un grupo con unas carcaterísticas estéticas homogéneas. Ni temáticamente, ni estilísticamente, tienen nada que ver Fassbinder y Herzog, por ejemplo: sus ataques a lo convencional se realizaron desde flancos bien distintos, y ambos consiguieron en los setenta ampliamente sus objetivos.

En el caso que nos ocupa, la filmografía de Herzog, conviven las películas épico-megalómanas, protagonizadas por Klaus Kinski, con las películas naïf de Bruno S.; conviven los documentales falsos y las películas de ficción con marcado carácter documental (cabe recordar el barco que "realmente" se subió a la montaña en Fitzcarraldo). Y últimamente, por desgracia, también sale a relucir algún engendro que imita la estética de Hollywood pero que, afortunadamente, la subvierte con ironía (sería el caso de Teniente corrupto). El elemento integrador de tan dispares categorías de películas podría ser la tensión existente entre ficción y realidad; o más bien la lucha silenciosa entre los esfuerzos creativos humanos, a veces histéricos, otras veces humildes, y la mayor parte de las veces desesperados, y la fuerza insondable de una naturaleza sin alma, regida por la necesidad. 

El cortometraje Últimas palabras (Letzte Worte), de 1968, es un documental de juventud. Documental es decir mucho: Herzog se acerca a la realidad sazonándola con argumentos e historias de su propia invención, así como con una dosis nada desdeñable de absurdo. El propio Herzog siempre señala que con su particular método pretende desentrañar lo que se esconde bajo la realidad, sin quedarse por tanto en la superficie de la misma (como harían los documentales "normales").

La peliculita es un apéndice de  Signos de vida (Lebenszeichen), el primer largometraje del director bávaro. Ambos son ejemplos de su espíritu viajero, pues la acción se centra en Creta. Pero la película no se presenta ya como un episodio más de la larga relación de amor-odio grecogermánica (que comenzaría con Hölderlin y acabaría con Merkel, pasando por los discursitos de Goebbels en Olimpia), sino como una indagación, a veces desconcertante, en las visicitudes de un hombre que ha decidido dejar de hablar (aunque en realidad no deja de hablar en ningún momento, pues repite hasta la saciedad su intención de "no decir nada más").

De nuevo, Herzog se centra en un personaje "al margen". El inadaptado, la rareza humana, siempre ha sido uno de sus temas predilectos, tratado siempre desde un punto intermedio, algo resbaladizo, entre la burla ante un espectáculo de freaks y la compasión casi medieval por las pobres criaturas de Dios. En este caso, añade cierto interés por la repetición dadaísta del discurso, hasta vaciar las palabras de contenido y significado, reduciéndolas a monótona musicalidad.




miércoles, 4 de abril de 2012

RAREZAS (V): ENTR'ACTE

El cortometraje que propongo hoy es uno de las más destacadas producciones del cine dadaísta, o al menos, una de las más divertidas: Entr'acte, de René Clair, estrenada en 1924 como interludio o divertimento para la pausa de un espectáculo de ballet. 

En realidad, Entr'acte tiene todo el aire de un corto hecho entre amigos. ¡Pero qué amigos! Los artistas plásticos Francis Picabia y Marcel Duchamp, el fotógrafo Man Ray, el compositor Eric Satie...la crème de la crème del arte de vanguardias de entreguerras. Como maestros del absurdo, la película pretende desmontar, y atacar de forma divertida y alocada, las convenciones de la sociedad burguesa. La película se articula en dos partes: en la primera, los personajes convierten las azoteas y tejados de París en un espacio de juego, que acaba convirtiéndose en un coto de caza (en el sentido literal). En esta primera parte vemos a Satie y Picabia preparando en un inicio el cañón con el que "atacar" al espectador; posteriormente veremos a Duchamp y Ray jugando al ajedrez. 

La segunda parte es una parodia de un entierro, acto que ningún burgués respetuoso del protocolo y de las circunstancias se tomaría a cachondeo. La comitiva de asistentes acabará corriendo tras un carruaje fúnebre demasiado juguetón, que decide tomar la delantera por su cuenta.


Ya en el terreno personal, que no viene al caso por otro lado, difícilmente puedo olvidar el momento en que vi esta película. Eran los años de estudiante, en una clase de audiovisuales algo lóbrega y mal ventilada... Tampoco puedo olvidar las palabras de Pilar Pedraza sobre la película, al menos sobre la parte final, que no dudó en calificar, con toda la razón, como un auténtico "masaje visual".

lunes, 2 de abril de 2012

RAREZAS (IV): JAN SVANKMAJER

Después de una breve incursión en el largometraje y en el cine de "altos vuelos", regreso a la esencia del apartado "rarezas": los cortometrajes, especialmente los cortometrajes bizarros, extraños, barrocos y algo surreales. Estas son las pequeñas dosis del antídoto necesario para desvincularse poco a poco de la abrumadora pesadez del entorno, sumergiéndonos así en esa otra esfera paralela a la de la realidad social, el compromiso y el trabajo: la esfera de la imaginación, la creación desmedida y la búsqueda de lo imposible a través del arte. Y después de este breve rodeo, que no pretende otra cosa que caldear el ambiente, entremos en materia.

Hoy traigo entre manos algo de animación; en este caso, animación checa. ¿Animación checa? De entrada, podemos asustarnos simplemente al leer la etiqueta de "animación checa". O incluso más, al leer la etiqueta de "animación checoeslovaca", que es de lo que realmente se trata.  Pero en cuestiones de arte hay que dejarse los remilgos en casa, así como los temores y la vacilación ante el peligro del aburrimiento, y lanzarse de cabeza - con los ojos cerrados incluso - al abismo del arte de vanguardias. El arte de Jan Svankmajer así lo merece.

Svankmajer es un maestro de la stop-motion. Un artista ante todo barroco, que sabe que muchas veces lo artístico crece en el terreno resbaladizo que dista entre lo irónico y lo desagradable, entre lo sublime y lo ridículo. Así que me dejo de prolegómenos, y cuelgo aquí tres de sus cortometrajes: Historia Naturae - suite (1967), Dimensiones del diálogo (1982), y especialmente dedicado a los amantes del fútbol, Juegos viriles (1988). Recomendación especial: evitar verlos después de las comidas.







jueves, 29 de marzo de 2012

RAREZAS (III): EL COLOR DE LA GRANADA

Retomo el blog tras un tiempo de silencio con una nueva rareza. Pero antes de comenzar haré un inciso. Para parecer menos estúpido, quizá deba matizar, diciendo que ninguna de todas estas rarezas lo son en cuanto películas desconocidísimas: me revientan ese tipo de blogs de enteradillos, así que no pretendo que este se convierta en uno de ellos. Simplemente son rarezas en cuanto películas sorprendentes, al menos para mí, que me apetece compartir en la medida de mis posibilidades.(Durante esta ausencia he visto varias "rarezas" que me apatecería comentar, aunque eso sí, no sé si mi inconstancia me permitirá hablar de todas ellas).



Dicho esto, entremos en materia. La película en cuestión es El color de la granada (Sayat Nova), película armenia de 1969, dirigida por Sergei Paradzhanov (o Sargis Paradzhanian en armenio). Se trata de una biografía sobre el mayor poeta de la literatura armenia clásica (de la que no tengo ni puta idea, dicho sea de paso), Sayat Nova, o lo que es lo mismo "el maestro de las canciones". Y en cuanto película armenia, es también una película soviética. Y si Don Quijote topó con la Iglesia...Paradzhanov topó con el Goskino y las autoridades soviéticas, que le hicieron la vida imposible. Demasiado folklore no ruso, demasiada referencia a la religión, demasiada vanguardia, demasiada estética y demasiada confusión sexual para las carquísimas autoridades soviéticas.

Pero no radican en el malditismo las virtudes de esta película. De entrada, cabe decir que se trata de una película atípica. Paradzhanov no construye una biografía al uso, sino que se inspira en los versos del poeta para crear una serie de imágenes, hieráticas y algo surreales, que "recrean" la vida del poeta. Todo ello con ausencia de diálogos: lo único que escuchamos a lo largo de la película son los sugestivos versos cantados o recitados en armenio. Pese a que esta descripción pueda equipararse de buenas a primeras a "coñazo monumental", Paradzhanov se las ingenia para crear una película muy lograda estéticamente, hipnótica a su manera. Crea un mundo con reglas propias...¿y qué mejor puede hacer un artista que crear su propio universo? No hay sentimientos, sino gestualidad ritualizada que remite al teatro de mimos o al teatro japonés. En el montaje, algunas escenas se repiten, creando una sensación de cadenciosa rima. Algunos objetos aparecen a lo largo de la película, (no solo la granada que da nombre a la película en ruso, sino también la caracola, los montones de tierra, el kamacheh o especie de violín que usaba el poeta, etc.) confiriendo al film un significado simbólico que rehuye toda interpretación unilateral. Precisamente en eso reside la grandeza de la película: es un mosaico sugerente para el ojo, hipnótico para el oído, e inspirador para la mente.

Paradzhanov se sirve de cuatro intérpretes diferentes para encarnar las cuatro etapas de la vida del poeta: la infancia, la juventud, la madurez y la vejez. El episodio de la infancia viene dominado por el descubrimiento de las formas del mundo: los colores, los cuerpos, el agua...y también por el descubrimiento de los libros. Un impresionante plano nos muestra al poeta-niño tendido en el tejado de una iglesia, rodeado de los libros abiertos para secarse al sol tras un aguacero. 



La juventud del poeta constituye el momento álgido de la película. Para comprender mejor estos episodios, cabe tener en cuenta que Sayat Nova se enamoró de la princesa de Georgia, y acabó siendo expulsado de la corte. Pues bien, la misma actriz (Sofiko Chiaureli) interpreta al poeta y a su amada, en unas escenas en las que aparecen recluidos en una estancia blanca, vacía, ajena al mundo externo: ¿quizá una referencia al mundo perfecto y bello de la juventud? El poeta se muestra en todo momento consciente de su arte: la amada juega con una madeja de hilos. El hecho de que tanto amado como amada estén interpretados por la misma intérprete puede deberse a varias razones (o quizá a ninguna): ¿puede que de esa manera quede representada la unión de las almas de los amantes, expresada en la fusión e identidad de sus cuerpos? ¿puede que represente la voluntad del poeta de buscar en la amada lo idéntico, y por eso exprese la concepción narcisista del amor, entendido como "la búsqueda de uno mismo" o "el enamoramiento de uno mismo"? ¿o puede simplemente aludir a la "confusión de los sexos" y de las tendencias sexuales de la primera juventud, y de la aspiración al travestismo latente en el hombre?  Finalmente asistimos a una representación teatral, mímica y algo irónica, que muestra la naturaleza precaria y artificial del amor. 



La madurez la pasa el poeta en el monasterio: se deshace de su túnica roja y adopta la negra. La madurez es el periodo vital del lánguido y repetitivo discurrir del tiempo, marcado por lo cíclico: las tareas agrícolas y las liturgias. Se encadena un año tras otro, y pasan volando. Pero también es el tiempo de las nostalgias y de los trabajos inútiles (el poeta cava y cava la tumba del katholicos en una iglesia, que se va llenando de corderos al mismo ritmo que el poeta va hundiéndose en la fosa). La vejez es la preparación para la muerte: el ángel de la muerte (con los ojos vendados) y el poeta se buscan pero no se encuentran. Finalmente el poeta muere pero su musa, o su poesía, pervive. 

¿Paradzhanov vería alguna vez el Misteri d'Elx?

Invito a que veáis esta gran película. Pero si lo hacéis, no la busquéis en Dvd. La edición española en Dvd es muy mala: los cantos armenios están doblados al ruso. Recomiendo verla por Youtube (está entera con subtítulos en italiano).Aquí, un trocito (hay que buscarla como Il colore del melograno). 


miércoles, 1 de febrero de 2012

RAREZAS (II): LEO ES PARDO

Vamos con  la segunda rareza, Leo es pardo (1976), cortometraje que Iván Zulueta realizó como ensayo de Arrebato, la obra maestra no redonda e imperfecta del cine español (la redonda sería quizá El espíritu de la colmena).

Iván Zulueta. ¿Qué puedo decir de él? Cineasta, diseñador gráfico, artista-pop...Su cine experimental y al límite fue una especie de preludio del cine de Almodóvar. Hasta 1980, el manchego fue una especie de alumno del vasco: a partir de esa fecha, la carrera del primero no paró de ascender, al igual que la carrera del segundo comenzó su descenso más vertiginoso. Zulueta comenzó trabajando para TVE en Último grito, el programa más moderno del tardofranquismo, con Íñigo como conductor. Zulueta, proveniente de una familia burguesa de San Sebastián, ya conocía el cine (su padre era director del Festival de cine de San Sebastián) y ya había visitado Nueva York, quedando totalmente impactado por el pop art. En esa misma onda pop, Zulueta realizó Un, dos, tres...al escondite inglés, de la que ya se ha hablado en este blog: una especie de concatenación de videoclips de los grupos españoles de moda, hilados mediante una trama un tanto surrealista y espontánea.

Los setenta fueron para Zulueta años de experimentación con el super-8: en su producción destacan KingKong, Masaje, A-malgam-A, o El mensaje es facial. En todos estos cortos, Zulueta se interesó por los cambios de luz, las aceleraciones de la imagen, la apropiación de imágenes ajenas, adulterándolas de alguna manera (KingKong es simplemente una versión acelerada de la película de los años 30; El mensaje es facial muestra una serie de primeros planos de rostros, montados a gran velocidad). También realizó algunos de los cárteles de cine más conocidos de la Transición: Furtivos, Asignatura pendiente, Demonios en el jardín, los carteles para Viridiana y La edad de oro de Buñuel, estrenadas después del franquismo, etc. E igualmente, comenzó con la heroína. 


Arrebato es una película realizada desde la droga, que muestra la difícil cohabitación entre cine, o arte en general, y vida. Una vez realizada esta película, pasó al anonimato. Fueron años duros de adicción, en los que todos sus proyectos cinematográficos quedaron truncados. Tan sólo continuó realizando algunos carteles para las primeras películas de Almodóvar (Laberintos de pasión, ¿Qué he hecho yo para merecer esto? o Entre tinieblas) a principios de los ochenta. Al final de la década, pareció salir del túnel, realizando dos breves  incursiones en el medio televisivo, Par-pa-dos y Ritesti, dos peliculitas para TVE. Los últimos años los pasó en su casa de San Sebastián, en el monte Igueldo, con su madre y su metadona. Murió el 30 de diciembre de 2009, dos días después que Joan Monleón.
En concreto Leo es pardo muestra algunos de los elementos que aparecerán luego en Arrebato: el ambiente doméstico como un lugar extraño y amenazante, el deseo de escapismo, las aceleraciones del tiempo, el doble...


Zulueta ha acabado convirtiéndose con el tiempo en un director de culto, o más bien en el director maldito del cine español, quizá a su pesar. Quién sabe si hubiese podido realizar más películas, o incluso mejores, de haber rebajado un poco su nivel de autoexigencia.

martes, 31 de enero de 2012

RAREZAS (I): THE ALPHABET

Esta es la primera entrega de una breve sección, que pretendo que dure bastante (al menos más de una entrega): rarezas cinematográficas. Quizá las rarezas seleccionadas para algunos no lo sean tanto, y sean cosas del día a día. Quizá para otros sean auténticas chorradas, pasadas de moda, y carentes por completo de gracia. Puede ser, no lo niego. Pero en estas rarezas muchas veces hay más arte y más talento que en obras que nacen con pretensiones más elevadas. Que nadie se asuste, me voy a decantar por los cortometrajes, mucho más digeribles. Se pueden ver en un rato, entre dos cafés, entre la lectura de dos mails de propaganda, o mientras se insulta a alguien en un chat.

El primer episodio lo dedicamos a David Lynch, a su corto The Alphabet (1968). Antes de realizar su primer largo Cabeza borradora (1977), sus pequeñas y muy sugerentes perlas cinematográficas ya estaban impregnadas de ese particular aire de pesadilla caníbal, en el que el director americano ha sabido siempre nadar como pez en el agua. En un primer momento, Lynch jugaba mezclando animación y filmación, y ya trataba el sonido como un personaje más. Envueltas en su particular atmósfera asfixiante y absorvente, aparece también aquí por primera vez su visión un tanto inquietante de lo infantil, de lo inocente, a veces vehículo de lo monstruoso. Podría catalogarse este corto de ejercicio formalista, como todos los cortos vanguardistas: pero en realidad, la forma es ya el contenido, como sucederá en toda la obra posterior de Lynch.

Para quien quiera más ración de Lynch premturo, en youtube también está su mediometraje Grandmother (1970), que no tiene tampoco desperdicio.