viernes, 26 de junio de 2026

TODOS FUIMOS JÓVENES

Me gustan las fotos de personajes célebres en los años en los que todavía no lo eran. En concreto, me fascinan las fotos antiguas, también de familiares; esas fotos de estudio, un tanto acartonadas, en las que se posa con cierta tensión junto a algún objeto asociado vagamente a la infancia, como un caballito, un cuaderno, un globo terráqueo, una bicicleta. Aquí van unas cuantas. Como apasionado de la fisonomía puedo pasarme un buen rato observando los detalles del rostro adulto que ya apuntan en el del niño: los ojos, las cejas, las orejas, incluso la expresión, a veces de resignada tristeza, como si fueran niños con un exceso de mundo interior. O futuros tiranos. Así pues, a continuación unas cuantas fotos de estudio de niñez, de primera comunión y de graduación, de algunos personajes célebres. 


Franz Kafka en 1888, a los cinco años.


Fernando Pessoa a los diez años, en 1898. 

Sergei Eisenstein en 1907, nueve años. 

Wong Kar Wai con sus padres, a finales de los sesenta o principios de los 70.
 
Winston Churchill de joven. Irreconocible.
 
La primera comunión de Martin Scorsese, 1951.
 
Paul Klee en 1892, con unos 13 años.

Nápoles, años 80. Paolo Sorrentino, primero por la izquierda, junto a sus hermanos, el día de la boda de la hermana. 

Federico García Lorca con 6 años. 

Trotski, en aquel entonces Lev Bronstein, en 1888.

Frida Kahlo en 1919, con 12 años.

Foto de clase de Federico Fellini, en el curso 1936 - 1937 (es el último por la derecha en la fila superior). De joven, en la Roma de los 40, le llamaban Gandhi por su extrema delgadez.  


Luchino Visconti, con 14 años, en 1920 aproximadamente. Pose aristocrática.   


Yukio Mishima en 1944 (19 años) con su hermana y su gato. Entonces todavía conocido como Kimetake Hiraoka. 

Joan Fuster en 1934, con 12 años. 

Boris Yeltsin en su época de estudiante universitario, en los años 50. 

Foto de la orla de David Lynch, en 1964. Una de las fotos en las que menos cambios se aprecian de la juventud a la madurez. 

Josip Broz Tito en 1928. No es una foto de demasiado joven, pero es completamente irreconocible. Imponente mandíbula y gafas que meten miedo. 


Richard Nixon en su época universitaria, en los años 40. 

Mao Zedong en 1913 (20 años, aunque parezca que tiene 10)

Fidel Castro en sus años universitarios, como jugador de baloncesto. 

Nicolae Ceausescu en 1936, con 18 años. 

martes, 23 de junio de 2026

PELÍCULAS (Y SERIES) VISTAS ÚLTIMAMENTE (MAYO-JUNIO 2026)

Me ha costado poner al día el blog, sobre todo en lo referente a películas nuevas. No he ido al cine en mucho tiempo, lo confieso, de manera que la mayor parte de las cosas que he visto en casa han sido películas que ya había visto anteriormente. Así pues, los placeres de la revisión. Citaré rápidamente algunas de las películas que he vuelto a ver y que he disfrutado en su segundo, tercero o cuarto visionado. Taxi driver, por ejemplo; Excalibur y Lancelot du Lac, dos versiones completamente opuestas del mito artúrico, pero igualmente disfrutables; Memories of Murders, una película que, tras ya varios visionados, se ha convertido en una especie de comfort movie personal, aunque resulte inquietante confesarlo...y muchas otras más. Pasemos ahora a las películas nuevas, aquellas que no había visto, y a las impresiones que me han dejado. Incluyo también una serie. 

 

La Mesías (Javier Ambrossi y Javier Calvo, 2023)

Sinopsis (filmaffinity): el vídeo viral de un grupo de música pop cristiano, compuesto por varias hermanas, impacta en la vida de Enric, un hombre atormentado por una infancia marcada por el fanatismo religioso y el yugo de una madre con delirios mesiánicos. 

Siguiendo el reconocimiento de los Javis en Cannes, he decidido darles una oportunidad. Hasta el momento eran unos personajes que no habían despertado en absoluto ningún tipo de interés por mi parte. La serie, que se puede ver en Movistar+, se deja ver, incluso podría decirse que atrapa, empleando todos los recursos de las series para tal fin. La factura de la serie es correctísima, en ese afán actual de la tele de emular al cine. Podría decirse que la serie enlaza toda una serie de elementos aleatorios que están en el ambiente. Ovnis, montañas iniciáticas (tema que me fascina), viajes de ayahuasca, espiritualidad new age, sectas, educación cristiana... Son todos ellos elementos que están en el ambiente, y que a mí y a los de mi generación pueden hacer algo de gracia, al menos desde la distancia, como temas pop. En ese sentido, es una serie que sabe explotar bien sus propias rarezas, incluso en los momentos en los que roza la vergüenza ajena. 

No me han convencido en exceso las tres mujeres que hacen de la Mesías en sus diferentes etapas vitales, sobre todo Carmen Machi, una actriz que me produce cierto rechazo irracional (seguramente debido a su paso por series de Telecinco). Por contra, valoro mucho la aparición de Roger Casamajor, actor fetiche del fallecido Agustí Villaronga, en películas como El mar o Pa negre. En resumen, mi primer acercamiento a los Javis, prescindiendo de todo lo que les rodea, acaba con un aprobado alto.  



Marco (Aitor Arregi y Jon Garaño, 2024)

Sinopsis (letteboxd): Enric Marco, un sindicalista español, pretende pasar como superviviente de los campos de concentración nazis.  

Sigo con otro producto español (qué detectable palabra, producto). Marco  es un biopic correcto y bien construido, sin grandes alardes formales, sabiendo dejar que la historia del personaje hable por sí sola. En realidad, no se diferencia en exceso de un capítulo de una serie televisiva en cuanto a factura; sí en cuanto a síntesis. La película permite que Eduard Fernández se exhiba, una vez más, con todas sus dotes camaleónicas, siendo suyo gran parte del mérito de la película. 




A Complete Unknown (James Mangold, 2024)

Sinopsis (letterboxd): Nueva York, principios de los sesenta. En un contexto de vibrante escena musical y agitación cultural, un enigmático joven de 19 años, procedente de Minnesota, llega al West Village con su guitarra y su talento revolucionario, destinado a cambiar el rumbo de la música estadounidense. 


Otro biopic, en este caso sobre Bob Dylan, pensado para el lucimiento de Timothée Chalamet (en esta película algo más creíble que en otras ocasiones). Los aciertos de la película se encuentran en la cuidada ambientación, con una recreación minuciosa, y muy otoñal, de los sesenta, buscando motivar la nostalgia del espectador. En muchos casos, una nostalgia por un tiempo no vivido. Las motos, los coches, la ropa, los apartamentos, los bares, todo remite a ese pasado que también han sabido explotar películas como The Holdovers o el propio Wes Anderson. 

La película incide en todos los tópicos de los biopics americanos, con sus personajes buenos y sus personajes malos, los momentos de tensión, el reconocimiento de las propias faltas y demás. Es decir, todo lo que suele machacarse y ofrecerse como una gustosa papilla al espectador, sobre todo en las películas oscarizables. Incide también en cierto didactismo, válido para aquellos que, como yo, han mostrado un escaso interés por la figura biografiada. A decir verdad, a Bob Dylan siempre le tuve bastante manía. Una letra de una de sus canciones, una que vagamente recuerdo que hablaba sobre la bomba atómica, salió preguntada en el examen de historia de mi selectividad. Examen que suspendí. 

Como nota positiva, o al menos original, los actores y actrices de la película interpretan de verdad las canciones. De todas formas, se trata de la enésima película de coming-of-age del Chalamet, y ya lleva unas cuantas. Las mismas, sin ir más lejos, en las que Elle Fanning hace de contrarréplica femenina. Hay una película que no he visto de Todd Haynes llamada I'm Not There, interpretada por Cate Blanchett en el papel de Dylan, que seguramente sea más interesante.  



Mi hermosa lavandería (Stephen Frears, 1985)

Sinopsis (letterboxd): Un joven británico de origen paquistaní regenta una lavandería destartalada con su pareja, mientras lidia con tensiones familiares, con la comunidad paquistaní local y una persistente pandilla de skinheads

Vamos ahora ya con las películas antiguas. Esta película es conocida por ser una de las primeras del actor Daniel Day-Lewis, y también una de las primeras de Stephen Frears, director con una larga trayectoria (Las amistades peligrosas, Alta fidelidad, The Queen, The Program). La película pretende ser una radiografía de los suburbios de la zona sur de Londres en la época del thatcherismo, aunque engloba muchos otros aspectos, con cierta tendencia a la dispersión. Se habla de la desocupación juvenil, de las pandillas de skinheads, de las tensiones internas entre vida privada y vida pública en la comunidad paquistaní (con cierto toque de película de gánsters a lo Scorsese), incluyéndose también un romance LGTBI. Lo más grato de la película es la manera en la que este amor se retrata en la película, con espontaneidad y naturalidad, alejado de los clichés de un amor trágico a lo Romeo y Julieta. 

Podría decirse que esta película sirvió a modo de cajón de sastre para que el cine británico de décadas posteriores rebuscase en él sus temáticas, aderezadas del toque nostálgico del que lógicamente carece la película. Pienso, por ejemplo, en This is England y todo el tema de los skins, o en la reciente Blue Jean y el tema de la homosexualidad en esos años. La película tiene momentos alegres, un tanto absurdos, que evitan que la película tenga una carga social excesiva. Me quedo, por ejemplo, con la banda sonora que imita de forma puntual el sonido de una lavadora centrifugando. Aunque si tuviera que elegir alguna película del cine obrero británico, me quedaría con Kes, de Ken Loach, unas décadas anterior, pero de obligado visionado. 



El retrato de Dorian Gray (Albert Lewin, 1945)

Sinopsis (letterboxd): Un joven corrupto logra conservar su belleza juvenil, pero su retrato revela gradualmente su fealdad interior. 

Otra película antigua, en este caso, toda una antigualla de cine clásico. A título personal, esta era una de las películas favoritas de mi abuela, una gran aficionada al cine, sobre todo al cine de suspense norteamericano. Esta y Los crímenes del museo de cera era sus preferidas. Por las fechas del estreno de El retrato de Dorian Gray en España, la debió de ver siendo realmente joven. También me regaló en su día la novela de Oscar Wilde, que seguramente leyó después de ver la película. 

Se trata de una película de una cuidada ambientación, en la que tienen especial importancia los decorados: el estudio del pintor, la casa del propio Dorian, con el cuarto secreto donde oculta el cuadro, y las tabernas de la noche londinense. La casa de Dorian está repleta de esculturas, de espejos, de mobiliario sofisticado, que aluden a la belleza externa del personaje, mientras que en el cuarto secreto se oculta el cuadro, con un fantástico protagonismo estético en la película, y otros objetos, que infantilizan al personaje. La noche londinense está retratada siguiendo el estilo del expresionismo alemán, o de películas norteamericanas de los años 30, como Svengali. Es lógico que esta película no fuese un éxito, dado que su recargamiento visual la alejaba de los parámetros del cine clásico puro. 

El personaje de Dorian, interpretado por Hurt Hatfield, es quizá demasiado plano, demasiado frío, pero quizá sea mejor así. Se pasea por Londres como una especie de Conde Drácula. Le gana la partida el personaje de George Sanders, locuaz hasta la extenuación. Quizá ese exceso de diálogos sea uno de los elementos a los que un espectador actual esté menos acostumbrado. 





Maurice (James Ivory, 1987)

Sinopsis (letteboxd): Tras ser rechazado por su amante, Maurice intenta reconciliarse con su sexualidad dentro de las restricciones de la sociedad eduardiana. 

Maurice es una película de época, de cuidada ambientación, que retrata los obstáculos de un joven burgués para vivir plenamente su sexualidad. Es una película interesante, bien construida a partir del guion, que adapta una novela de E. M. Forster. No soy muy aficionado a las películas de época de James Ivory, se me hacen un poco bola por su rigor clásico y cierto acartonamiento formal. Pero, si uno se deja de superficialidades, puede darse cuenta de que bajo esa epidermis subyace un interés subversivo, de denuncia casi. En este caso, la película está demasiado bien contada como para obviar sus elementos positivos. 

Maurice (James Wilby) se da cuenta de la falsedad y la inutilidad de su amor platónico, mientras que Clive (Hugh Grant) se acomoda a los imperativos sociales de su época y de su clase, renunciando a su propia identidad. En fin, se trata de una película que privilegia sobre todo la historia contada, los personajes y su evolución, con cierta invisibilidad de la cámara, que siempre está colocada en el lugar idóneo, sin llamar la atención.   




Una giornata particolare (Ettore Scola, 1977)

Sinopsis (letterboxd): Dos vecinos - un periodista perseguido y una resignada ama de casa - forjan un fuerte vínculo el día de la histórica visita de Hitler a Roma en 1938. 

En este caso se trata de una película que ya había visto, pero hacía tanto tiempo de aquello que casi la había olvidado. Me ha resultado una revisión fascinante, no la recordaba tan buena. Tan real, tan didáctica y tan simbólica al mismo tiempo. En su día fue una película muy renombrada, por la aparición en ella de las dos grandes estrellas italianas del momento, Marcello Mastroianni y Sophia Loren. A día de hoy, atenuado el magnetismo de ambos, podría decirse que Loren interpreta mejor a la sufrida casalinga que Mastroianni al homosexual represaliado. Seguramente es la mejor película de Sophia Loren. 

La película arranca con un plano-secuencia portentoso, casi invisible. La cámara entra por la ventana del patio de luces y recorre los pasillos de la casa mientras los miembros de esa familia numerosa son despertados por la madre para no perderse los desfiles. La radio no deja de sonar ni un momento, reforzando la idea de la inexistencia de privacidad en el fascismo. Todo es político. Pocas películas muestran de forma tan clara cómo el fascismo impregnaba todos los aspectos de la vida. También cómo el fascismo, con su panoplia de gorros, uniformes, botas, desfiles, bravuconerías y soflamas, camuflaba la virilidad mal asumida del macho italiano, a la par que lo mantenía en una adolescencia eterna. Es interesante cómo el personaje de Sophia Loren va descubriendo por sí misma, poco a poco, que no es oro todo lo que reluce, que sus álbumes de admiradora del Duce esconden otra realidad: la de su vecino. 

En resumen, es película muy recomendable. Una de esas en las que apenas pasa nada, pero que capta una realidad y una época con gran sutileza y sensibilidad, alejándose de la caricatura, las simplificaciones, el tremendismo o la condescendencia, sin por ello renunciar a su vocación de erigirse en símbolo de una época. 




 


sábado, 18 de abril de 2026

PELÍCULAS VISTAS ÚLTIMAMENTE EN LA TELE (MARZO - ABRIL)

El extranjero (François Ozon, 2025)

SINOPSIS: Argelia, años 30. El apático francés Meursault muestra una total indiferencia ante la vida por resultarle absurda e inabordable, por lo que se siente un extranjero en su propio entorno. Adaptación de la novela de Camus "El extranjero". (Filmaffinity)

Muy interesante e inmersiva adaptación de la novela de Camus por parte de Ozon, consiguiendo una de sus mejores películas hasta la fecha. Volviendo al blanco y negro de época, que ya siguió en Franz, Ozon se mantiene fiel al espíritu de Camus, con cierta austeridad formal y mucha fidelidad al texto, sin olvidar la recreación de la sofocante luz africana y de los momentos de relajación en el mar. Buena interpretación de Benjamin Voisin en el papel de Meursault, perfecta personificación de la ausencia de sentido y de búsqueda de motivos superiores. También destaca la interpretación de Pierre Lottin en el papel del macarra y racista Sintès. 

La austeridad de la película, y su ausencia de formalismos excesivos, demuestra mucho respeto al texto, no tanto reverencial sino más bien a su esencia, a su estilo lacónico, directo y ausente de artificios.  



Yo, la peor de todas (María Luisa Bemberg, 1990)

SINOPSIS: Una monja mexicana del siglo XVII (Sor Juana Inés de la Cruz) desafía las expectativas al convertirse en una reconocida intelectual y escritora en los tiempos de la Inquisición española (Letterboxd, adaptado). 

Película maravillosa de María Luisa Bemberg, directora argentina de la que no conocía nada. La película ofrece un retrato desde una óptica feminista de Juana Inés de la Cruz (Assumpta Serna), una monja, figura crucial de las letras hispanoamericanas, que priorizó el conocimiento sobre la fe, recibiendo como respuesta el desprecio y la condescendencia de las jerarquías eclesiásticas (masculinas). De todos modos, la película no muestra una iglesia monolítica y reaccionaria al completo, sino una en la que también respiran personas que buscan en ella una coartada para dedicarse a las letras. Destaca igualmente el romance, tibiamente lésbico, expresado a través de la palabra, entre la monja y la virreina (Dominique Sanda, doblada por Cecilia Roth). 

Aparte de la historia, la película tiene un estilo muy particular, que la convierte en un justo equilibrio entre forma y contenido. Los escenarios son conscientemente artificiales, fellinianos en cierto modo, la cámara apenas se desplaza, creando cuadros fijos, marcados por los espacios austeros y las luces contrastadas. Todo este estilo sosegado, en el que la palabra encuentra un hueco para transmitir ideas (siendo los diálogos una maravilla, adaptación de Las trampas de la fe, de Octavio Paz), hace de la película una sucesión de escenarios teatrales, en el mejor sentido de la palabra, adecuándose al tema y a la época retratada. Interpretaciones además fantásticas, sobre todo la de Assumpta Serna.  



El jardín del verano (Shinji Sômai, 1994)

SINOPSIS: Un verano, tres niños se interesan cada vez más por un anciano excéntrico que vive solo en una casa rodeada de un jardín descuidado. Los chicos entablan amistad con el ermitaño y se dedican a deshierbar y replantar el jardín. (Letterboxd, adaptado). 

Encantadora y tierna película japonesa, con su dosificada porción de oscuridad, que hará las delicias de todo adulto crecido en los noventa. Tiene algo de Cuenta conmigo, la adaptación de Bob Reiner de The Body de Stephen King (aquí los niños también quieren ver un cadáver), pero con un toque más caricaturesco, más de anime (gafas, sumo y huesos, son la forma en la que el anciano se dirige a los tres niños, por sus características físicas definitorias), y menos peripecia. Los niños aquí son retratados como tales, con ideas locas, preguntas directas y entusiasmos llevados hasta el final. 

A nivel personal, ha sido una película deslumbrante, no solo por su tema, sino también por su forma, con predominio de planos-secuencia y encuadres complicados, con un colorido potente y unos personajes extremos y, al mismo tiempo, cercanos. Es una película que te hace compartir la mirada inocente de los niños y también la melancolía del paso del tiempo (en fin, una película muy japonesa en todos sus sentidos). 




Franz Kafka (Agnieska Holland, 2025)

SINOPSIS: Biopic del más emblemático escritor checo del siglo XX, Franz Kafka. Concebida como un mosaico caleidoscópico, la película sigue la huella que Kafka dejó en el mundo desde su nacimiento en la Praga del siglo XIX hasta su muerte en 1924. (Filmaffinity, corregido)

Esta película sobre Franz Kafka ha sido una gran decepción. Reconozco que soy una persona muy pejiguera con el tema de Kafka, exijo una precisión total en todos los elementos de su vida contados, pero, aun tomando como punto de arranque esta manía personal, que me induce a ciertos prejuicios, la película no se sostiene por ningún lado. Me molesta especialmente que se haya incidido en muchos momentos excéntricos, como haciendo ver que la prosa visionaria y extraña de Kafka debía surgir de un personaje loco, cuando en realidad lo más aterrador del universo kafkiano es que surge de un entorno burgués, con miedos y aburrimientos burgueses. Siempre he defendido la normalidad de Kafka, más allá de lo extrañas que nos puedan parecer algunas de sus aficiones o intereses, como el vegetarianismo, el nudismo, la gimnasia matutina con la venta abierta en pleno invierno, la masticación excesiva de los alimentos... (¿de quién no parecen extrañas sus aficiones e intereses si se observan con lupa, pasadas las décadas?). 

Hay personajes que no se sostienen. El padre, excesivamente germánico, todo él una caricatura. Es proverbial ya el carácter autoritario del padre de Kafka, que tanto influyó negativamente en el escritor, pero dudo mucho que en ese hombre todo fuese tan atronador y tan excesivo como se muestra en la película. Max Brod también aparece reducido a un personajillo sin apenas interés ni parecido físico con el Max Brod real, con una influencia muy reducida sobre Kafka. Sí han conseguido un parecido notable en los personajes de Milena, Felice Bauer y, sobre todo, en el propio Kafka. Pasando por alto estos matices maniáticos míos, la película es bastante mejor que una serie alemana sobre Kafka que colgaron en filmin también, de la que apenas vi cinco minutos, y que pretendía pasar por comedia (comedia y alemana son dos conceptos que no suelen casar). 

Si se hubiesen eliminado algunos momentos de innecesaria vergüenza ajena (Kafka bailando al son de un órgano, por ejemplo), de los que no hay más testimonio que la imaginación de la directora, la película sería algo salvable. No se profundiza suficientemente en el personaje de Kafka, en sus inquietudes ni en su proceso productivo. Quizá para ello se hubiese necesitado otro formato, más largo. Lo mejor de todo, los saltos al presente, a una Praga turistificada en torno a Kafka, los únicos momentos que realmente hacen algo de gracia.  



martes, 7 de abril de 2026

PASILLOS

 

The zone of interest (Jonathan Glazer, 2023)

Akira (Katsuhiro Otomo, 1988)


Ohayo (Yasujiro Ozu, 1959)

El mar (Agustí Villaronga, 2000)

Elephant (Gus van Sant, 2003)

Punch-Drunk Love (Paul Thomas Anderson, 2002)

North by northwest (Alfred Hitchcock, 1959)

È stata la mano di Dio (Paolo Sorrentino, 2021)

Tokyo monogatari (Yasujiro Ozu, 1953)

Aftersun (Charlotte Wells, 2022)

Stagecoach (John Ford, 1939)

The shining (Stanley Kubrick, 1980)

2001 a space odyssey (Stanley Kubrick, 1968)

The Friends (Shinji Somai, 1994)

Taxi driver (Martin Scorsese, 1976)

Whiplash (Damien Chazelle, 2014)

Inside Llewyn Davis (Ethan & Joel Coen, 2013)

El desierto rojo (Michelangelo Antonioni, 1964)

El tercer hombre (Carol Reed, 1949)

A brighter summer day (Edward Yang, 1991)








domingo, 29 de marzo de 2026

LA HISTORIA ITALIANA A TRAVÉS DE LAS PELÍCULAS (Y SERIES) DE MARCO BELLOCCHIO

Uno de los elementos que integra la filmografía reciente de Marco Bellocchio, más allá de algunos temas particulares de su gusto, como el encierro, las instituciones, la familia o la religión, es la historia. Pero no la Gran Historia, la de los grandes momentos y personajes, sino más bien la historia subterránea, la de las vías muertas, la de los perdedores. Sus películas, especialmente en las dos últimas décadas, han buscando algunos de estos casos olvidados de la historia, sin olvidar algunos grandes momentos (como todo el caso Moro, uno de los momentos más críticos, a la par que fascinantes, de la historia reciente italiana). 

Voy a repasar, sin ánimo de exhaustividad, algunos de estos momentos, recogidos en las películas de Bellocchio. 

Edgardo Mortara en Rapito (2023). Bolonia, Estados Pontificios, 1858. En los años previos a la unificación italiana, tiene lugar uno de los sucesos más extraños concernientes al Papado, y que llamó la atención internacional. El pequeño Edgardo Mortara, nacido en el seno de una familia judía de Bolonia, es raptado por las instituciones eclesiásticas, al considerar que había sido bautizado en secreto por su criada cristiana, y que por tanto debía recibir una educación cristiana. Edgardo Mortara fue llevado a Roma, a la corte de Pío IX, convirtiéndose más tarde en sacerdote. Con este caso de rapto forzoso por cuestiones religiosas, los Estados Pontificios proyectaron una imagen internacional, 13 años antes de su desaparición, de estado anacrónico, reducto del pasado. 



Benito Albino Dalser e Ida Dalser en Vincere (2009). Trento, Imperio Austro-húngaro, 1907. Benito Mussolini conoce a Ida Dalser. El futuro dictador fascista es entonces un periodista socialista, con vagos sentimientos nacionalistas. En 1915 vuelven a encontrarse, Mussolini ya convertido en un fanático nacionalista, deseoso de la anexión del Trentino-Alto Adige a Italia. Ambos tienen un hijo, Benito Albino Dalser. Ya convertido en un personaje público y en dictador, Mussolini rechaza a Ida Dalser, que acabará en un centro psiquiátrico. Igualmente, el hijo de ambos también acabará recluido y olvidado. 



Aldo Moro en Buongiorno notte (2003) y Esterno notte (2022). Roma, 1978. Poco cabe escribir más de lo que ya se ha dicho sobre el secuestro y asesinato de Aldo Moro, a manos de las Brigadas Rojas, y ante la dilación de sus compañeros de partido y del presidente del consejo de ministros, deseosos de echar tierra encima del gran proyecto conjunto (y forzado) de Berlinguer y Moro, el compromesso storico. Bellocchio se ha acercado a este hecho crucial de la historia reciente italiana desde diversos ángulos. En Buongiorno notte se centraba en los brigattisti, en especial en el personaje ficticio de Chiara, inspirado en las terroristas reales Ana Luisa Braghetti y Adriana Faranda. El personaje de Chiara expresa la duda, frente al de otros terroristas, como Mario Moretti, más fanático. En Esterno notte el acercamiento al caso Moro es más poliédrico, con varios capítulos, centrados en el propio Moro, Francesco Cossiga (ministro del interior), el Papa Pablo VI, la terrorista Adriana Faranda y Eleonara Chiavarelli, la esposa de Aldo Moro. 




Enzo Tortora en Portobello (2025). Roma, 1983. La policía detiene al conocido presentador televisivo Enzo Tortora, acusado de asociación mafiosa con la Camorra, después de que varios miembros disociados de la Nuova Camorra Organizzata lo incriminen, sin aportar ningún tipo de pruebas. Es este uno de los casos más flagrantes de error y arbitrariedad judicial de la historia de Italia, en el que Enzo Tortora, presentador del programa de televisión más popular de la Italia de entonces (Portobello), se convirtió de la noche a la mañana en cabeza de turco de los juegos internos de la Camorra, entre disociados y fieles a su boss, Raffaele Cutolo. 



Tommaso Buscetta en Il Traditore (2019). Sicilia, 1980. En las luchas internas entre los clanes mafiosos sicilianos, el clan de Palermo y el clan de Corleone, Tommaso Buscetta decide colaborar con la justicia, convirtiéndose en un pentito, apestado por sus antiguos compañeros de armas y delitos. Sus confidencias a la justicia, al juez Falcone en concreto, darán lugar al maxiprocesso contra la Cosa Nostra, iniciado en 1986, y que supondrá la adopción por parte del clan de Totó Riina de Corleone de una estrategia de atentados contra el estado, que costará incluso la vida al propio Falcone en 1992. Buscetta, convertido en testigo protegido con otra identidad en los Estados Unidos, volverá a Italia para declarar contra Giulio Andreotti, ex-presidente del consejo de ministros, por colaboración mafiosa, en el llamado juicio del siglo (iniciado en 1995). 



Eluana Englaro en Bella addormentata (2012). Lecco, Lombardía, 2009. Eluana Englaro, víctima de un accidente de tráfico, se encuentra en estado vegetativo desde 1992. Su padre solicita la desconexión de las máquinas que la mantenían artificialmente con vida, suscitando una polémica en torno al derecho a la eutanasia, que enfrentará, por un lado, al gobierno de Berlusconi y la Iglesia católica, y por otro lado, a la judicatura y al Presidente de la República, Giorgio Napolitano, favorables a conceder la eutanasia solicitada por la familia. 


Para dar forma a estos personajes, Bellocchio recurre a algunos de sus actores habituales: Toni Servillo (Bella addormentata, Esterno notte), Fabrizio Gifuni (Esterno notte, Rapito, Portobello), Paolo Pierobon (Esterno notte, Rapito, Portobello), Fausto Russo Alesi (Il TraditoreEsterno notte, Rapito, Portobello).

viernes, 6 de febrero de 2026

LA LONGUE DURÉE

Una tendencia del cine actual es la larga duración. Las películas actuales tienden a exasperar al espectador con duraciones abultadas, quizá por influencia de las series y su tendencia a la falta de síntesis y al relleno. Además, actualmente esa larga duración viene aderezada, en muchos casos, con una voluntad de sorpresa constante. Ya no se busca el mensaje ambiguo, el final abierto, sino la sorpresa desconcertante, el momento WTF del que se hablaba en Il sol dell'avvenire de Moretti. 

Este artículo está inspirado por la larga duración de las películas que recientemente he visto en el cine o en la tele. One battle after another, de Paul Thomas Anderson, dura 2h42m, nada menos. Marty supreme, 2h29m, y Sinners, 2h17m. En todas ellas la sensación es que sobra metraje. Se podría haber utilizado el recurso de la elipsis, hoy casi se diría que en desuso, para aliviar así el suplicio del espectador, en especial en Marty Supreme, aquella de las tres que va más a la deriva. Un precedente claro, en cuanto a cine norteamericano que va de culto, es Anora: 2h19m. 

Vayamos ahora con algunos ejemplos históricos. Es fácil sacar a colación mastodontes como Shoah (9h26m) o Satántangó (7h19m), obras maestras en lo suyo, pero que solo permiten un visionado fraccionado en dvd (sí, todavía tengo dvd, ¡y a mucha honra!). Sus revalorizaciones recientes, como también la de Jeanne Dielman, 23 quai de commerce, 1080 Bruxelles (3h21m), se deben a la benignidad del mando a distancia, que permite apretar pause e ir al baño, incluso dosificar estas películas en varios días (o semanas). Yo lo he hecho y me parece que cualquier persona normal lo haría. No se es menos cinéfilo por tener vida más allá del cine. 

Pero estas películas anteriores, sobre todo la de Tarr y la de Akerman, son de aquella clase que pone a prueba la paciencia del espectador, con planos secuencia larguísimos. La de Lanzmann, por contra, invita a su dosificación por su dureza, no tanto mostrada directamente como aludida. Hay otras películas, algunas de ellas entre mis predilectas, que también incurren en el problema de la larga duración, incluso algunas de ellas también en el de la dispersión. Pienso en La dolce vita o en La aventura, dos obras maestras del cine italiano que suscitaron en su momento condenas y bostezos. La de Fellini con 2h56m (se quedó a gusto) y la de Antonioni con 2h24m, un poco por detrás, pero no menos a la zaga en cuanto a digresión. En particular, la obra de Fellini tiende a la larguísima duración: Ocho y medio (2h20min), Roma (2h08min), Il Casanova (2h35m)... Sorrentino, emulando a sus maestros, se quedó también a gusto con sus 2h22m en La Grande Bellezza. 

Por encima de estas se encuentra Los siete samuráis, con sus 3h27m, o las de Edward Yang (Yiyi con 2h53m y A brighter summer day con...¡3h57m!). Son obras maestras, al igual que las dos primeras de El Padrino (2h55m y 3h22m respectivamente), Uno de los nuestros (2h28m), Eyes Wide Shut (2h39m) o Mulholland drive (2h27m). La lista puede ser todavía más larga, si sacamos a colación algunos éxitos del cine de autor de los noventa: Valle de Abraham, de Manoel Oliveira, llega a las 3h23m, y debe tener alguna más larga que no he visto, La mirada de Ulises, de Angelopoulos, se queda en 3 horas, y Underground, de Kusturica, se queda en 2h50m. Aun así, casi todos estos ejemplos se hacen más cortos que las películas de la pareja Straub y Huillet, adorada por cierta cinefilia y crítica: películas de tan solo una hora y media, pero qué plomiza hora y media. Será aquello de que el tiempo es subjetivo. La maestría radica en hacer pasar el tiempo de la forma más disfrutable y gozosa posible. 

También hay que tener en cuenta las películas de duración variable, según las escenas eliminadas o vueltas a colocar en un montaje que, de forma pedantilla, suele denominarse el director's cut. Ahí tenemos a Andrei Rublev, con un montaje variable entre las 3h05m y las 3h25m. O Apocalypse Now, con tres versiones, de 2h27m la estrenada en cines, 3h01m, el montaje del director, y 3h16m, la versión Redux, con la escena de los franceses. De entre estas películas estiradas como un chicle, según las circunstancias, me quedo con Cleopatra, una de esas películas con un rodaje más catastrófico, a la par que el de Apocalypse Now y Fitzcarraldo: la versión estrenada en cines fue de 3h12m, pero la versión de dvd y vhs llega a las 4h24m. ¡Y es una obra maestra! 

Buscando ejemplos de la última década, la tendencia parece clara: Toni Erdmann (2h42m), Once upon a time in Hollywood (2h40m), Anatomía de una caída (2h30m), Poor Little Things (2h21m), El triángulo de la tristeza (2h27m), e incluso en un género más comercial, las de Dune (2h35m la primera, 2h46m la segunda). La fórmula del éxito parece frisar las dos horas y media, forzando al máximo el aguante del espectador, jugando con los límites de su paciencia o su deleite y con la capacidad retentiva de sus vejigas. El tiempo dirá si esta tendencia es realmente algo que ha llegado para quedarse en el actualmente maltrecho mundo del cine, tan acosado y contagiado por los males que vienen de las plataformas y las grandes productoras. Veremos con el paso del tiempo si el recurso a anclar a los espectadores en la butaca vale realmente la pena, como valen la pena las 2h22m de 2001, una odisea en el espacio.